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RELMECS, junio 2016, vol. 6, no. 1, e006, ISSN 1853-7863
Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
Centro Interdisciplinario de Metodología de las Ciencias Sociales.
Red Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales

 

ARTÍCULO / ARTICLE

 

Aproximaciones al análisis del discurso en los estudios identitarios

 

Marina Adamini

CEIL, Universidad Nacional de La Plata, CONICET, Argentina
marina_adamini@yahoo.com.ar

 

Cita sugerida: Adamini, M. (2016). Aproximaciones al análisis del discurso en los estudios identitarios. Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, 6(1), e006. Recuperado a partir de: http://www.relmecs.fahce.unlp.edu.ar/article/view/relmecsv06n01a06

 

Resumen
Este trabajo se propone reflexionar en torno al análisis del discurso como perspectiva teórico-metodológica, a partir de su aplicación en estudios identitarios. El mismo asume la forma de un artículo de revisión compuesto por dos ejes: la identidad como objeto de estudio en las Ciencias Sociales y el análisis del discurso como perspectiva analítica, los cuales serán puestos en diálogo utilizando como insumo sus vinculaciones empíricas, entre las cuales incluimos nuestra tesis doctoral. Reconociendo la heterogeneidad de perspectivas que componen el campo del análisis del discurso, buscamos aportar un esquema organizativo de las principales teorías del discurso empleadas en los estudios identitarios actuales.

Palabras clave: análisis del discurso; identidad; discursos; metodología.

 

Approaches to discourse analysis in the identity studies

 

Abstract
This study focuses on the analysis of discourse as a theoretical and methodological perspective, as from its application in identity studies. It takes the form of a review article with two areas: the identity as an object of study in the Social Sciences and discourse analysis as an analytical perspective, which will be placed on dialogue as from empirical studies that applied it, including my Thesis in Social Sciences. Recognizing the diversity of perspectives that make up the field of discourse analysis, we seek to provide an organizational scheme of the main theories of discourse used in the current identity studies.

Keywords: discourse analysis; identity; speeches; methodology.


Introducción

El objetivo de este artículo consiste en reflexionar sobre el análisis del discurso a partir de su aplicación en el estudio de las identidades de los sujetos, realizando un proceso de revisión bibliográfica. Partimos de sostener que el análisis del discurso resulta un campo de estudios interdisciplinar y atravesado por diferentes perspectivas teóricas, que ofrecen miradas y herramientas diversas para el análisis de las prácticas discursivas. Reconociendo dicha heterogeneidad constitutiva, pretendemos realizar una revisión de algunas de sus principales corrientes a través de la observación de su aplicación en estudios empíricos vinculados a las identidades sociales. De esta manera, las potencialidades y limitaciones del análisis del discurso como perspectiva teórico-metodológica en el abordaje de la identidad, será el eje central de nuestra presentación.

Es la propia relación entre identidades y discursos que atraviesa las Ciencias Sociales la que conduce a la selección de dicho corpus para su abordaje. Observamos así, en primer lugar, que las corrientes anglosajonas y francesas nominalistas han coincidido en entender al discurso como una forma de acceso para el abordaje empírico de los procesos identitarios. Si bien, “la identidad”, por su carácter en permanente formación y transformación, es considerada inaprensible, diferentes autores (Hall, 2003; Dubar, 2000; Ricoeur, 1990, Laclau, 2000) coinciden en señalar que es posible acceder a las “identificaciones” de los sujetos -como estabilizaciones (transitorias) de ese proceso de construcción- que se cristalizan discursivamente en la narración de un “yo” o un “nosotros”. De esta manera el discurso emerge como el principal terreno de abordaje de los procesos de construcción identitarios, a través del estudio de las con-formaciones que los sujetos realizan al narrarse.

Por otra parte, el análisis del discurso es señalado como una perspectiva teórica-metodológica que aborda a los discursos como espacios de formación subjetiva, analizando la incidencia del sujeto (enunciador/locutor) y su contexto (de enunciación/producción/recepción). Esto implica que comprende a las narraciones como un espacio simbólico en donde los sujetos se posicionan subjetivamente, dejando marcas de sí y de su contexto. En función a ello, es considerada una perspectiva analítica pertinente para adentrarse en el complejo e inestable mundo de las identificaciones de los sujetos. Da cuenta de ello, la utilización del análisis del discurso en diversos estudios identitarios desarrollados en las Ciencias Sociales, algunos de los cuales describiremos en el presente artículo.

Sin embargo, dicho puente entre identidades y análisis del discurso no resulta un trazado lineal ni recorrido de forma similar por los estudios sociales. Por el contrario, se presenta como un terreno irregular y en construcción constante, compuesto por diversas marcas y caminos, que dan cuenta de las diferentes perspectivas desde donde se piensa al discurso. No se puede hablar entonces del análisis del discurso como una perspectiva teórica-metodológica sin reconocer las múltiples perspectivas del discurso que forman parte de él, desde diferentes campos y disciplinas de estudios. En este artículo elegimos focalizar la mirada en dichas diferencias, seleccionado para su observación estudios identitarios que aplicaron algunas de sus diferentes perspectivas, entre ellas mi propia investigación doctoral sobre identidades laborales juveniles ligada a la teoría de la enunciación (Adamini, 2014).

De esta manera, el análisis del discurso como perspectiva teórico-metodológica será abordado, en sus potencias y debilidades, a través de su aplicación en una selección de estudios identitarios. El aporte de este trabajo consiste en contribuir a su problematización a través de la organización esquemática de algunas de las principales teorías discursivas que resultan recurrentes en el análisis sobre identidades sociales. Para ello el artículo se dividirá en tres partes: en primer lugar, realizaremos una reflexión sobre la identidad como objeto de estudio de las Ciencias Sociales en las actualidad y su vinculación con el campo discursivo; en segundo lugar, revisaremos al análisis del discurso como perspectiva teórica-metodológica, dando cuenta de algunas de sus diversas corrientes y teorías de estudio; por último, explicitaremos la aplicación del análisis del discurso en estudios identitarios, dando cuenta de las diversas perspectivas aplicadas y abriendo el juego a la observación de sus potencialidades como estrategias teórico-metodológicas.

La identidad en construcción: un concepto en disputa discursiva

La identidad como concepto se inscribe en un campo de batalla, en donde se desarrollan constantes y calurosas disputas por cerrar, ampliar o transformar su significado. Es Bauman (2005) quien a través de esta metáfora bélica sintetiza las discusiones teóricas que en el campo intelectual se despliegan en relación a esta categoría. “La identidad, digámoslo claramente, es un ‘concepto calurosamente contestado’. Donde quiera que usted oiga dicha palabra, puede estar seguro de que hay una batalla en marcha” (164). Diversas disciplinas, como la Psicología, la Antropología, la Filosofía, la Sociología, entre otras, recurren a esta categoría para referenciar fenómenos diferentes. Mientras que, complejizando sus múltiples significados, la identidad es también una “categoría de la práctica” (Brubaker y Cooper, 2001) utilizada por el sentido común: la prensa, los actores políticos, los sujetos en su cotidianeidad, emplean el concepto complementando los significados teóricos y sumando nuevos.

Al rastrear la identidad como “categoría de análisis” (Brubaker y Cooper, 2001) nos encontramos que esta ha sido utilizada primariamente por la Filosofía, quien la empleó para referirse a la permanencia esencial del individuo ante los cambios. Esta postura, de carácter esencialista, ligaba la identidad a la idea de mismidad, igualdad a través del tiempo. Es recién a partir del siglo XX cuando se extiende su utilización como concepto teórico a otras disciplinas sociales, abarcando nuevos fenómenos individuales y sociales. La Psicología se apropia del concepto a través del trabajo de Erickson, Freud y Lacan; en ese marco, el psicoanálisis concibe a la identidad a partir de la identificación con el otro (ligado fundamentalmente a la familia), que en la vida cíclica del individuo aparece como modelo, sostén o adversario. Por otra parte, dentro de la corriente psicoanalítica, Erickson (1968) es reconocido por la utilización del concepto de identidad (y crisis de la identidad) en su Teoría del Desarrollo Humano. Dicho autor la interpreta como el resultado de un proceso no solo biológico y psicológico sino también social, que se desarrolla y modifica a partir de los diversos estadios (y crisis) que atraviesa el individuo a lo largo de su vida.

De la Garza Toledo, Gayosso Ramírez y Moreno (2010), señalan que el concepto de identidad asume un rol central en las teorías sociológicas recién a partir de la década del 70, en conjunción con la emergencia de los nuevos movimientos sociales. Los autores aducen la escasa utilización de este concepto dentro de la Sociología al clima académico estructuralista vigente, que dejaba poco lugar al estudio de la subjetividad. La aparición de los nuevos movimientos sociales, en los años 70, dificultó su explicación mediante las perspectivas estructuralistas clásicas, propiciando el desarrollo de las teorías sociales de la acción colectiva que recurrían al concepto de identidad (Melucci, 1991; Pizzorno, 1989; Giménez, 1994). Simplificando sus argumentos, estas teorías postulaban que la movilización de los nuevos sujetos sociales no estaría guiada por el interés sino por el hecho de compartir y construir una identidad colectiva al calor del propio movimiento.

Por su parte Bauman (2005) sostiene que la irrupción de la identidad como categoría de análisis en las teorías sociales es un producto de la modernidad líquida. Según este autor, las Ciencias Sociales hablan de identidad debido al desmoronamiento de las instituciones que resultaban soportes de las pertenencias de los individuos en la sociedad moderna: la familia, las creencias religiosas, políticas y el trabajo. Es la crisis de estos soportes sólidos de la Modernidad, a mediados de los años 70, la que posiciona a la identidad como una categoría teórica de análisis, que se extiende en los diferentes estudios desarrollados por los sociólogos de la época en relación a su crisis. De la Garza y otros (2010) catalogan a estas posturas como “para-postmodernas”, señalando que a pesar de sus diferentes categorizaciones de este momento de crisis de las identidades modernas [“crisis de identidades”, en el caso de Dubar (2002), “corrosión del carácter”, en Sennett (2000); “desafiliación”, en Castel (1997); “identidades fluidas”, en Bauman (2005)], todas desencadenan en una concepción pesimista respecto a las posibilidades de su articulación y organización a partir de los referenciales modernos.

Dubar (2002) propone una organización de las diversas acepciones teóricas desarrolladas alrededor del concepto de identidad en las Ciencias Sociales, indicando la existencia de dos posturas predominantes: una esencialista y otra de carácter nominalista. La postura esencialista, adoptada por las iniciales corrientes filosóficas y por algunas corrientes psicológicas, considera a la identidad como algo único, en el sentido de un núcleo del ser inmutable y original. La idea clave que atraviesa esta perspectiva es la de mismidad. Mientras que la postura nominalista piensa a la identidad como una construcción, que no asume una forma única ni de carácter esencial, sino que está en constante formación y trans-formación, ya que el sujeto va desarrollando diferentes identificaciones en el curso de su historia personal y colectiva. Esta postura nominalista es la que prevalece actualmente en los estudios sociales, considerando a la identidad como resultado de una construcción. “Lo que existe son modos de identificación, variables en el curso de la historia colectiva y de la vida personal, afiliación a diversas categorías que dependen del contexto” (Dubar, 2002: 12).

Dubar (2000) define a las identificaciones como resultado de un proceso de construcción social enmarcado en los ejes temporales sincrónico (contexto de acción) y diacrónico (trayectoria) de los sujetos; las mismas se producen de forma constante en el recorrido vital de los sujetos como resultado de las transacciones entre las atribuciones que “los otros” realizan sobre ellos y las incorporaciones que ellos mismos incorporan. Siguiendo la propuesta nominalista, en nuestra tesis doctoral, aplicamos el esquema teórico de Dubar (2000) para el estudio de las identificaciones laborales en jóvenes precarizados (Adamini, 2014). Dicha investigación buscaba indagar las implicancias que la precarización laboral tenía sobre la construcción identitaria de los jóvenes como trabajadores. Para ello se seleccionó como caso de estudio a 30 estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) que realizaron entre 2008 y 2012 una pasantía en el call center de un organismo público de la provincia de Buenos Aires, en condiciones de inestabilidad y desprotección laboral. Los discursos de los pasantes -emergentes a través de la realización de diversos encuentros de entrevistas con ellos- constituyeron el corpus sobre el que se abordó la relación entre identificaciones y precarización laboral.

Retomando los elementos constitutivos del proceso social identitario propuestos por Dubar, el eje sincrónico del “contexto de acción” -como marco en el que se despliegan las atribuciones identitarias- se encontraba allí representado por un mundo laboral juvenil precarizado y de forma específica por el lugar laboral público de los pasantes atravesado por condiciones de trabajo precarias. El eje analítico diacrónico ligado a la “trayectoria subjetiva”, involucraba la lectura interpretativa (socialmente construida) que los pasantes realizaban de su pasado y la proyección anticipada de su porvenir, como jóvenes de clase media, conformación universitaria y en formación hacia un futuro profesional. Fue a la luz de dichos ejes que analizamos sus identificaciones como cristalizaciones discursivas, que eran resultado de un proceso de transacción entre las atribuciones que “los otros” realizaban sobre ellos (Estado como empleador, legislación, familia, Universidad, sindicato, compañeros de trabajo) y las incorporaciones identitarias que ellos asumían como propias (figura 1).

figura

Figura 1. Esquema analítico del proceso de construcción identitario basada en teoría identitaria de Dubar (2000) (Adamini, 2014)

Como resultado de dicha investigación, en lejanía de aquellas posturas para-postmodernas que pregonaban la erosión del trabajo como referencial identitario juvenil ante la hegemonía de los tiempos precarios, se encontró que -por el contrario- el trabajo era para estos jóvenes un espacio de identificación y organización colectiva. Muestra de ello daban los referenciales seleccionados en su narración como “trabajadores”: en donde la estabilidad y las protecciones laborales eran consideradas valores positivos y construidos como demandas de lucha y organización colectiva. En las conclusiones de la tesis, se remarcó que muchos de los referenciales de posicionamiento identitario de los pasantes referían a la memoria de una sociedad salarial pasada, dando cuenta de una conexión intergeneracional trasmitida por “otros” cercanos presentes como actores significativos en su trayectoria y contexto de acción (familiares, educadores y miembros de agrupaciones sindicales).

Retomando las discusiones teóricas en torno a la relación entre identidades y discursos, consideramos que el discurso resulta el terreno de sutura de las diferentes dimensiones, biográficas y sociales, presentes en las identificaciones de los sujetos. “El conjunto de referenciales escogidos se expresan en una forma discursiva dando lugar a la identificación incorporada. Es decir, las identificaciones toman forma en un discurso, se con-forman en él” (Busso, 2011: 104). Es a partir de los discursos que accedemos al análisis de los “actos de identificación”, reconstruyendo las identificaciones en relación al modo en que los sujetos se representan y son representados, buscando aquellos hechos, momentos, personas e instituciones que les sirven como referencias para posicionarse narrativamente como un “yo” o un “nosotros”.

Ricoeur (1996) enfatiza el carácter narrado de la identidad, dando cuenta de ella como una categoría práctica ejercida a través de la propia narración que hace el sujeto en su definición (y construcción) de sí. La permanente construcción del sujeto narrado marca a la identidad como resultante de una dialéctica entre la permanencia y la conservación, entre la idem y la ipse, en términos del autor. En este sentido, por la mismidad del idem se asegura la permanencia en el tiempo, y por la ipseidad su apertura a la alteridad y el cambio. Es decir, que a pesar del proceso de permanente construcción y transformación identitario es posible reconocer y, en términos subjetivos, reconocerse como un mismo sujeto. Arfuch (2002) siguiendo los aportes de Ricoeur, señala que no hay identidad por fuera de la representación. En cada narración el sujeto da cuenta de su cultura y de su historia, se representa y es representado.

Siendo los discursos espacios de formación identitaria, consideramos fundamental atender a sus prácticas y modalidades enunciativas como marcas de la subjetividad del narrador y de su contexto. En este sentido, en nuestra investigación sobre identificaciones de jóvenes precarizados aplicamos las técnicas analíticas de la teoría de la enunciación de Benveniste (1999). Las referencias personales (individuales o colectivas), espaciales y temporales presentes en los discursos de los pasantes fueron reconstruidas como signos deícticos de las voces de los pasantes y de “los otros” en su contexto presente y a lo largo de la narración de su trayectoria. Pero si bien la teoría de la enunciación resultó una perspectiva fértil para el abordaje de nuestro caso estudio, otras corrientes dentro del campo del análisis del discurso brindan nuevos y distintos elementos, herramientas y miradas para el mismo. En el próximo apartado, destinado al análisis del discurso como perspectiva teórico-metodológica, nos dedicaremos a la caracterización de algunas de esas diferentes corrientes y perspectivas discursivas que cuentan con potencialidad para el estudio de las identidades de los sujetos.

El análisis del discurso como estrategia de análisis de datos sociales

El análisis del discurso resulta una perspectiva de estudio de origen lingüístico incorporada por las Ciencias Sociales, a mediados del siglo XX, para el análisis de datos cualitativos a partir de “los tipos de lenguaje que los su­jetos usan, de sus opciones semánticas y sintácticas en térmi­nos de las interacciones estratégicas de individuos, grupos y clases” (Vasilachis de Gialdino, 1992: 16). Articula en su análisis principios de diferentes disciplinas, como la lingüística, la filosofía del lenguaje, la retórica, la sociología, entre otras, al vincular y comprender los modos de producción de los discursos de los sujetos al calor de sus contextos. La amplitud o cerrazón en la consideración de lo que representa el contexto de estudio de dichos discursos marcan los límites del análisis: posiciones más ligadas a la lingüística reducen ese contexto al marco comunicacional más inmediato, mientras que perspectivas ligadas a la teoría política y la sociología analizan ese contexto de una forma más amplia y atravesado por relaciones sociales de poder que lo condicionan.

Si bien el análisis del discurso resulta una perspectiva de estudio que cuenta con gran aceptación en el mundo académico, implica ciertas dificultades a la hora de su definición al tratarse de un campo de estudios transdisciplinar sin límites precisos que asume diferencias según los enfoques teóricos que se reconocen como parte del mismo. Es decir, si bien el discurso constituye la unidad de análisis compartida, el modo de tratamiento del mismo varía según sus escuelas teóricas no solo en los caminos de abordaje y dimensiones de lectura (enunciativa, argumentativa, ideológica, entre otras) sino en la propia concepción de lo que se entiende por discurso. Buscando dar luz a este heterogéneo campo de estudios, en este apartado buscaremos organizar algunos de los referentes claves en su proceso de consolidación como perspectiva analítica, dando cuenta de sus particularidades teóricas. Considerando que el mismo resulta un campo de gran amplitud y en constante formación, por lo que -en vistas de los objetivos de este artículo- seleccionamos para su descripción algunas de las escuelas teóricas que resultan recurrentes en los estudios sobre identidad social.

Respecto de sus orígenes, aunque el término de “análisis del discurso” fue acuñado por Harris (1952) -quien lo empleaba desde una perspectiva eminentemente lingüística-, fue recién en la década del 70 cuando comenzó a definirse como campo de estudios. La escuela francesa y, de forma particular, Pecheux (1990) y Courtine (1981), son señalados como pioneros del análisis del discurso como disciplina. Dicho proceso se dio en Francia en un clima intelectual atravesado por Mayo del 68, influenciado por la teoría althusseriana y foucaultiana, donde el análisis del discurso tomaba como objeto al lenguaje, en su preocupación por vincular la ideología y lo lingüístico (en boga por el auge de las teorías de la enunciación). En consecuencia, los discursos políticos fueron el principal y original corpus de análisis de la disciplina. Kornblit (2007) en su libro Metodologías cualitativas en Ciencias Sociales plantea cómo la búsqueda de nuevos modelos de análisis ha conducido a incorporar en las Ciencias Sociales desarrollos de la lingüística, la semiótica y la hermenéutica, enriqueciéndolas. Su desarrollo como estrategia de análisis se dio fuertemente a partir de los años 70, a partir del llamado “giro lingüístico”, y puede ser entendido como síntoma y consecuencia de la crisis del estructuralismo en las Ciencias Sociales (Maingueneau, 1989).

El “redescubrimiento del sujeto” abrió el espacio para el despliegue de investigaciones centradas en los discursos como unidad de análisis y en la recuperación de escuelas teóricas que habían tomado -desde diferentes enfoques- al lenguaje como objeto de estudio. Entre las principales corrientes teóricas vinculadas al discurso que dieron origen al campo disciplinar y continúan como marco analítico actualmente en las Ciencias Sociales, podemos mencionar la teoría de la enunciación (Benveniste, [1966] 1997), la teoría de la polifonía enunciativa (Ducrot,1986), la teoría de la argumentación en el discurso (Amossy, 2000; Angenot,1982) y en la lengua (Anscombre y Ducrot, 1983), el análisis crítico del discurso inglés (Van Dijk, 1997; Fairclough, 1989), entre otras. Dichas escuelas si bien representan de forma parcial el amplio campo del análisis del discurso, resultan por nosotros resaltadas por ser aquellas que han asumido mayor visibilidad en los estudios sociales actuales, y de forma precisa en los referidos a los procesos identitarios.

Desde una perspectiva diacrónica, son las teorías de los actos de habla de Austin (1962) y de la enunciación de Beneveniste (1966) quienes abren el campo de los estudios del discurso, superando así la mirada del estructuralismo lingüístico sobre los enunciados. Por un lado, la teoría del lenguaje de Austin (1962) observa la dimensión social de los enunciados, señalando que hablar es en sí mismo una práctica social y no una mera forma de informar. Sostiene que hay intenciones en los enunciados que conducen a pensar que decir algo es una manera de hacer. Por otro lado, la teoría de la enunciación hace foco en la emisión de los enunciados, es decir en la acción de los sujetos de enunciar desde un contexto determinado, que deja marcas en el discurso.

La importancia de la Teoría de la enunciación para el análisis del discurso reside justamente en que nos permite encontrar dentro del discurso signos específicos que señalan de diversas maneras la actitud subjetiva que adopta el locutor en relación a la situación en la que se produce ese discurso. Lo que posibilita la práctica del análisis es el hecho de que por lo menos una parte de la subjetividad de los individuos está codificada en determinados signos de la lengua […] La teoría de la enunciación intenta registrar aquellos signos que la lengua brinda a cada individuo para que inscriba su subjetividad en el discurso. De acuerdo a esto, el análisis del discurso consiste básicamente en una puesta en relación de los elementos del discurso con la situación en la que fue producido (Palací, 1997: 93).

Benveniste ([1966], 1997; [1974] 1999) es reconocido como uno de los más destacados representantes de la teoría de la enunciación. Este autor, recupera la lingüística inicial de Saussure ([1916], 1983), buscando superar la dicotomía entre lengua (sistema de signos y objeto de la lingüística) y habla (utilización de la lengua por los sujetos). “La enunciación es poner a funcionar la lengua por un acto individual de utilización” (Benveniste, 1999: 83). Define entonces al discurso como la apropiación de la lengua, que el sujeto realiza en un contexto de enunciación, que va dejando marcas en su discurso. Los deícticos (verbos, pronombres y adverbios) aparecen como huellas de esa enunciación refiriendo a quién habla, y desde dónde y cuándo lo hace. El rol del analista reside en comprender esas marcas subjetivas a la luz del conocimiento del contexto de enunciación.

En cierta manera, Benveniste es uno de los que abre la consolidación del campo al estudio de la subjetividad en el discurso, siendo sus aportes en materia enunciativa continuados por otros autores. Entre ellos, podemos mencionar a Ducrot (1986), quien sostiene que la enunciación es un acontecimiento constituido por la aparición de un enunciado, como algo que irrumpe y en el cual hay huellas del acto de enunciación. Este autor rescata también la subjetividad del hablante aportando la observación al carácter polifónico y argumentativo de los discursos, señalando las distintas voces y puntos de vista que son recuperados argumentativamente por los locutores. De forma precisa, se señala a Ducrot (1986) como uno de los mentores de la teoría de la polifonía enunciativa, mostrando la presencia del discurso del otro en el propio discurso a través de la diferenciación del locutor (fuente y responsable del enunciado) y los enunciadores (puntos de vista de otros presentes en el enunciado). Destruye así la unicidad del sujeto hablante, planteando en términos pragmáticos que el sentido del enunciado responde a la confrontación entre esas distintas voces que son apeladas por el locutor. En el desarrollo de su teoría argumentativa junto a Anscombre (1983) da cuenta de cómo en los discursos se recuperan topoi -como principios generales y compartidos por locutor y alocutarios- que actúan como garantías de los enunciados en su evocación.

Las principales críticas al esquema de Ducrot residen en la impronta pragmática y la evasión del carácter empírico y contextuado (en términos históricos y materiales) del locutor. Dichos cuestionamientos son señalados por autores como Amossy (2000) que si bien recupera su aporte polifónico y argumentativo, lo enmarca y vincula con la ideología en su Teoría de la Argumentación en el discurso (TAD). “El locutor es a la vez un sujeto constituido por la palaba del otro que lo atraviesa a su pesar (no puede decir ni decirse fuera de la doxa de su tiempo) y sujeto intencional que moviliza las voces y puntos de vista para actuar sobre su alocutario (es la polifonía).” (Amoosy, 2005: 69). Según Zizek (2003), si bien Ducrot nunca utilizó a la ideología como concepto, en su teoría de los topoi había una enorme potencialidad para el desarrollo de una crítica-ideológica, fundamentalmente en relación con su definición de principios generales que actuaban como sedimentos argumentativos en los discursos.

La TAD recupera los aportes de la retórica antigua de Aristóteles, preocupándose por el uso público de la palabra en su función política, y aplicando elementos de análisis de los mismos. La retórica clásica se pensaba a sí misma como el estudio de la persuasión de la palabra en el terreno del debate público. De esta manera, fundamentalmente en el campo de los discursos políticos, la teoría de la argumentación en el discurso se propone como una puesta en diálogo de instrumentos de estudio argumentativos y de polifonía enunciativa con una perspectiva sociológica de comprensión de los soportes ideológicos y las doxas en las que se insertan. Amossy (2000), Plantin (2005), Angenot (1982) y Maingueneau (1998) figuran como sus principales representantes.

Uno de los principales aportes de la teoría de la argumentación en el discurso -en su recuperación de la retórica- consiste en la aplicación de categorías analíticas como el ethos (imagen que el enunciador muestra de sí) y los topoi (los lugares comunes -saber compartido- desde donde se habla). Conceptos que ya habían sido recuperados por la teoría de argumentación en la lengua de Ducrot, pero que ahora son enmarcados de forma explícita con su contexto ideológico de formación.

La teoría de la argumentación se propone ‘estudiar la eficacia de la palabra en sus dimensiones institucionales, sociales y culturales’ (Amossy, 2000: 6) y poner en cuestión las líneas de demarcación que separan a las ciencias del lenguaje de las ciencias sociales: para ello reactualiza y pone en funcionamiento nociones como ethos, pathos y topos, entre otras, y las vincula con las nociones de estereotipo y doxa, acentuando así su dimensión social e ideológica (Montero, 2012: 27-28).

De esta manera, la Teoría de la Argumentación en el Discurso se preocupa por analizar los hilos sociales que traman los discursos, cristalizados como sentido común, y observarlos como cadenas tópicas argumentativas en los enunciados de los sujetos. En esas tramas interdiscursivas en las cuales el sujeto es hablado, toman presencia las relaciones de fuerza ideológicas que conforman los discursos. Si bien esta teoría se preocupa por la argumentación en el discurso, y es empleada de forma mayoritaria en los estudios del discurso político, parte del supuesto de que todo enunciado es argumentativo (más allá de la intencionalidad del enunciador) y se encuentra soportado sobre esquemas discursivos que lo exceden y conforman el sentido común de una época o espacio social. Angenot, otro de sus representantes, sostiene que el análisis argumentativo se ocupa de estudiar los esquemas hegemónicos en una determinada comunidad ideológica. “Llamaremos ‘discurso social’ no ya a ese todo empírico, a la vez cacofónico y redundante, sino a los sistemas genéricos, a los repertorios tópicos, a las reglas de encadenamiento de los enunciados que, en una sociedad dada, organizan lo decible -lo narrable u opinable- y aseguran la división del trabajo discursivo.” (Angenot, 1989: 13).

Finalmente, y cerrando así la descripción de escuelas teóricas constitutivas del análisis del discurso como campo disciplinar (aunque, reiteramos, las mismas no agotan dicho campo), encontramos al análisis crítico del discurso (ACD) como otra vertiente teórica empleada a la hora de analizar los discursos en las Ciencias Sociales. Dicha perspectiva se enmarca en la tradición anglosajona, partiendo de un supuesto epistemológico diferente a la tradición francesa del discurso (cristalizada en la teoría de la enunciación, polifonía y argumentación). Mientras aquella veía al sujeto atravesado por una otredad que le es ajena e inmanejable, el ACD se focaliza en analizar al sujeto como un sujeto de intención. Su propósito consiste en analizar la vinculación del discurso y el poder, dando cuenta de los mecanismos de manipulación de esos discursos dominantes. De esta manera, busca

describir y evaluar las huellas del texto y las condiciones interaccionales y sociales de su producción -[…] su dimensión ideológica en la jerga de Verón, o su inserción en un dispositivo en la de Foucault-. En definitiva, analizar el modo en que las prácticas discursivas contribuyen a la formación y reproducción de estructuras de dominación, o bien manifiestan formas y estrategias de resistencia y transformación (Pérez, 2004: 175).

Van Dijk resulta uno de los principales representantes del ACD, junto a Fairclough (1989), Van Leeuwen (2005) y Wodak (1989); su objetivo es evidenciar la falta de transparencia de los discursos, que ocultan relaciones de poder y dominación. Su principal campo de análisis resultó el discurso mediático, poniendo luz a las estrategias de manipulación y legitimación en favor del poder político y económico disimuladas en la (supuesta) objetividad periodística. De esta manera, desarrolló un esquema de estudio de la estructura de las noticias para identificar las marcas del discurso dominante. Los titulares, comentarios, el estilo narrativo, copetes, orden de la información, son objeto de su análisis discursivo que incluye también lo implícito (como presupuestos y sobreentendidos). “El análisis de lo ‘no dicho’ es a veces más revelador que el estudio de lo que en realidad expresa el texto” (Van Dijk, 1997: 34).

Fairclough (1995), otro referente en el ACD, es reconocido por su aporte en el desarrollo de un esquema de análisis del discurso tridimensional. Este autor piensa al discurso como una práctica social y enmarca su análisis en el entramado sociocultural que lo rodea y crea. Sus tres dimensiones de estudio implican abordar cualquier evento discursivo como 1) un texto (lenguaje escrito o hablado); 2) una práctica discursiva (implica la producción e interpretación de textos); y 3) como parte de una práctica social, en términos de marco situacional e institucional del evento discursivo. Esta mirada ampliada de lo discursivo busca mostrar los efectos ideológicos de los discursos, en tanto estos son partes constitutivas de las prácticas sociales que producen y sostienen las relaciones de dominación. Stecher (2010) vincula este posicionamiento de Fairclough con una perspectiva gramsciana, en tanto la dominación es pensada en relación estrecha con la hegemonía cultural (dentro de la cual se encuentran los discursos regulados).

A lo largo de este apartado observamos como el análisis del discurso representa un campo analítico amplio y heterogéneo, cuyas herramientas de abordaje varían según las perspectivas teóricas de encuadre. Sin embargo, dicha heterogeneidad constitutiva no invalida la inclusión de ellas dentro del campo del análisis del discurso. Como sostiene Maingueneau (2005), más allá de que el acento se ponga en unos u otros recursos, hay “presupuestos teóricos compartidos por un gran número de especialistas del discurso: el lenguaje como actividad, la contextualidad radical del sentido, el carácter interactivo de la comunicación verbal, etc. Es inevitable que estos presupuestos constituyan objetos de discurso pero sin ellos no habría un espacio de investigación común.” (Maingueneau, 2005c: 69, en Narvaja de Arnoux, 2008: 16).

Teorías del análisis del discurso aplicadas en el estudio de las identidades

Luego de haber atravesado el recorrido por algunas de las principales escuelas teóricas que componen el campo del análisis del discurso, nos proponemos ahora observar su aplicación en el estudio de las identidades sociales. De esta manera, los postulados teóricos-metodológicos descriptos serán abordados a la luz de su aplicación en investigaciones empíricas, en las cuales el discurso fue definido como corpus de análisis de los procesos identitarios. Nos concentraremos particularmente en tres perspectivas que resultan recurrentes en dicho corpus: 1) teoría de la enunciación; 2) teoría de la argumentación en el discurso, y 3) análisis crítico del discurso. Buscamos en esta reconstrucción mostrar algunos de los diferentes caminos que el abordaje de la identidad y los discursos asumen en las Ciencias Sociales, dando cuenta en su lectura comparativa de sus potencialidades como perspectivas teórico-metodológicas.

  1. Teoría de la enunciación en los estudios identitarios

La teoría de la enunciación, de quien Benveniste es considerado uno de sus mentores, analiza al discurso en tanto espacio de apropiación de los enunciados por los sujetos, que van dejando en él sus marcas de posicionamiento (como modalidades), y del campo espacial y temporal de enunciación (como referencias deícticas). A partir de sus aportes, diferentes estudios retomaron la idea de huellas subjetivas en los discursos ampliando su concepción del marco deíctico e incorporando nuevos elementos que refieran al enunciador y su contexto. En esa línea podemos mencionar los aportes de Maingueneau (2005) quien distingue en la enunciación tres grandes dimensiones: 1) las huellas que dan cuenta de la aparición del sujeto en el enunciado; 2) las huellas que dan cuenta de la relación del sujeto con el interlocutor, y 3) las huellas que remiten a la actitud del enunciador respecto al enunciado. Son dimensiones operativas, que en el campo del discurso pueden superponerse.

Los estudios identitarios retoman aportes de la teoría de la enunciación para acceder a las marcas de posicionamiento subjetivo en los discursos como cristalización de sus identificaciones. Valiéndonos de la definición de la teoría de la enunciación realizada en el apartado anterior, y con la advertencia de amplitud en los referenciales enunciativos aportada por sus continuadores, podemos encontrar en los estudios identitarios aplicaciones ligadas a la posición más clásica de Benveniste (Reguillo Cruz, 1991; Ruiz, 2014; Adamini, 2014) y otras que, desde posiciones más renovadoras, incorporan una ampliación y complejización en la mirada de la situación de enunciación (Verón y Sigal, 2003; Verón, 1987, 1987a; García Negroni, 1988). A continuación, presentaremos algunos de los rasgos que asumen estos estudios identitarios desde la dimensión discursiva de la teoría de la enunciación.

Utilizamos en primer lugar nuestra tesis como un caso empírico de aplicación de la teoría de la enunciación en su primera perspectiva. Como señalamos en un apartado anterior, en dicha investigación buscamos analizar las identificaciones de jóvenes trabajadores que realizaban pasantías en un espacio público atravesado por la precarización laboral. Para ello recurrimos a la realización de entrevistas en profundidad, cuyo corpus discursivo fue analizado siguiendo la teoría de la enunciación. Dicha herramienta teórico-metodológica nos permitió encontrar las marcas subjetivas desde donde los pasantes se inscribían en sus enunciados, a través de la incorporación de referenciales identitarios. En este sentido incorporamos a los “deícticos” (verbos, pronombres y adverbios) como principales referencias discursivas de esas huellas subjetivas de los sujetos en estudio, en relación con los lugares y tiempos del contexto de la enunciación. La interpretación de esas marcas subjetivas demandó la reconstrucción del contexto de producción, desde una perspectiva no solo ligada a la enunciación sino también al contexto social de acción y a la propia trayectoria de los sujetos en estudio (ver tabla 1).

Tabla 1. Referencias deícticas de los elementos constitutivos del proceso de construcción identitario

Elementos del proceso de construcción identitario

Tipo de deíctico

Referencia deíctica

Contexto de acción

temporal y espacial


-Adverbios de tiempo (pasado, presente, futuro)
-Adverbios de lugar (acá, allá)

Trayectoria subjetiva

temporal y espacial

-Adverbios de tiempo (pasado, presente, futuro)
-Adverbios de lugar (acá, allá)
-Verbos (pasado, presente, futuro)

Atribuciones identitarias

personal

-Pronombres personales (él, ellos, me)
-Verbos (conjugación en referencia a la tercera persona)

Incorporaciones identitarias

personal

-Pronombres personales (yo, nosotros, me)
-Verbos (conjugación con la primera y segunda persona)

Transacciones identitarias

personal

-Pronombres personales (yo, nosotros, ellos, él, me)
-Verbos (en conjugación a la tercera y primera persona)


De esta manera, la teoría de la enunciación, brindó herramientas útiles para la búsqueda de las marcas subjetivas contextuadas de los sujetos en sus discursos. Pero también permitió ver el juego polifónico que se da en sus incorporaciones identitarias, al visualizar en los propios discursos la presencia de “otras voces” pertenecientes a “los otros” significativos del “contexto de acción” y de su propia trayectoria. En este sentido, el aporte de la teoría de polifonía enunciativa (Ducrot, 1990), resultó un insumo vital para analizar en los propios discursos de los pasantes las transacciones entre sus incorporaciones y las atribuciones que “los otros” realizan sobre ellos. Las mismas fueron identificadas a través de los deícticos personales (pronombres y verbos) y referencias textuales directas que marcaron la presencia de terceras personas en la propia voz de los pasantes.

Concentrándonos ahora en observar otros estudios identitarios que hayan aplicado la teoría de la enunciación, podemos señalar el caso de Reguillo Cruz (1991). Esta autora analiza la configuración identitaria juvenil mexicana a través del análisis discursivo de boletines, programas de radios y grafitis de bandas urbanas de Guadalajara, México. Su interés radica en ver el rol de la comunicación en la construcción identitaria juvenil. En términos enunciativos, busca en los discursos aquellas huellas y marcas deícticas que remiten a la triple referencia de la identidad: identidad grupal (nosotros-ellos); identidad espacial (marcas espaciales en el texto); y materialidad simbólica: objetos (símbolos distintivos de los grupos) versus otros objetos (atribuidos a “los otros” -policía, Estado, clase dominante-). Por otra parte, y en diálogo con los aportes posteriores a Benveniste, la autora identifica también al sujeto de la enunciación en función a sus enunciatarios, marcando no sólo quienes producen los discursos sino a quiénes lo dirigen y desde qué lugar.

Por su parte, dentro de los renovadores de la teoría de la enunciación en su aplicación empírica, podemos mencionar a Eliseo Verón quien aporta nuevas herramientas y miradas a través de la complejización del aparato de enunciación y sus dimensiones de análisis. Su preocupación se centra en el análisis de los discursos a partir del estudio de sus condiciones de producción y recepción. En el análisis de la conformación de las identidades políticas, cuyo caso emblemático es el estudio realizado junto a Silvia Sigal Perón o Muerte (2003), define a la enunciación del sujeto de estudio a través de tres elementos: 1) la imagen del enunciador; 2) la imagen del destinatario, y 3) la relación entre el enunciador y el destinatario que se establece en el discurso. En ese trabajo, realizan un análisis enunciativo sobre los roles del enunciador y destinatarios, los modos de circulación y de recepción de esos discursos. En términos identitarios, el análisis de la enunciación resulta una herramienta para observar cómo Perón construye una imagen de sí y de sus adversarios. Plantean por ejemplo la instauración discursiva de un “modelo de llegada”, en el que Perón se presenta en diferentes etapas de la historia argentina como un político “que viene de otro lado”, de un lugar lejano, externo al que se encuentra políticamente (por ejemplo en 1945 se presenta viniendo de un cuartel militar y en 1973 del exilio). En esa presentación de sí como enunciador plantea también una determinada articulación con sus destinatarios, insumo de construcción de su colectivo de identificación.

Otro interesante aporte de Verón (1987a) consiste en plantear un esquema de análisis de los destinatarios del discurso político en el proceso de construcción identitario, complejizando el esquema de antagonismo simbólico nosotros-ellos. De esta manera sostiene que en el plano de la enunciación el enunciador político se dirige a tres figuras distintas (imaginarias): 1) prodestinatario, un destinario positivo cuyo lazo se construye en base a una creencia común presupuesta, formando parte de un mismo colectivo de identificación (“nosotros”); 2) contradestinatario, el destinatario negativo, excluido del colectivo de identificación, a quien se considera con creencias y valores opuestos (“otros”), y 3) paradestinatario, el destinario indeciso, en una zona gris entre el “nosotros” y el “ellos”, al cual no se encuentra asociado aún en el colectivo de identificación.

García Negroni (1988) retomando los aportes de Verón, propone especificar la figura del contradestinatario, aportando la idea del contradestinatario directo, encubierto e indirecto. Menciona que el contradestinatario no solo aparece de forma explícita (en términos de referencias enunciativas con la tercera persona del plural o singular) sino también de forma encubierta o de un modo menos directo. Es decir, estos dos últimos contradestinatarios no aparecen mencionados explícitamente por el locutor, como estrategia de borramiento de los mismos. El contradestinatario encubierto es mencionado y construido discursivamente como un “tercero discursivo”, cuyas huellas enunciativas remiten a “aquellos que”, “esos que”, “los que”; mientras que el contradestinatario indirecto, con mayor elipsis, sigue siendo un “tercero discursivo” pero que no es designado o identificado sino a través de huellas polifónicas. La negación de sus enunciados es una de las huellas, a través de la cual se descalifica y refuta sin mencionárselo de forma explícita. Estos representan marcas enunciativas de la otredad constitutiva del nos(otros).

  1. Análisis crítico del discurso en identidades

Señalamos anteriormente a Van Dijk como uno de los representantes del Análisis Crítico del Discurso, en su propósito de develar las relaciones de poder vedadas en los discursos. Dichas relaciones cristalizan como sentido común una perspectiva hegemónica sobre la realidad social, desplegando mecanismos de legitimidad y búsqueda de consentimiento sobre los mismos. Las estigmatizaciones sobre los grupos sociales más vulnerables fueron una constante en sus estudios, dentro de los cuales podemos destacar -en clave identitaria- el estudio realizado por el autor sobre los migrantes. La emergencia de la temática en cuestión alrededor de esta minoría social se da a través de la observación de cómo los discursos mediáticos despliegan una atribución crítica de determinados rasgos identitarios sobre ellos. La puesta en evidencia de esos mecanismos de estigmatización resultó uno de sus principales objetivos de investigación.

Vemos así como en Discurso y racismo (Van Dijk, 2001) señala el rol del discurso en la reproducción del racismo contemporáneo en torno a prejuicios étnicos. En ese proceso juegan un rol central las “elites simbólicas” que concentran el poder discursivo y reproducen su mirada social en diferentes espacios, dentro de los cuales los medios de comunicación juegan un rol central en la sociedad contemporánea. Sin embargo, Van Dijk no reduce su análisis al discurso periodístico sino que incorpora en su estudio diversos discursos públicos influyentes como el político, académico y cotidiano. Lo común a ellos es que no solo reflejan modelos de representación compartidos por las elites, sino también esquemas similares de persuasión y opinión pública. En dicha (re)producción estigmatizante se da una construcción identitaria de un “nosotros” -asociado a rasgos valorados positivamente- y de un “ellos” negativizado como eje discursivo.

Busso, Gindín y Schaufler (2013) en su relevamiento sobre estudios sociales ligados a la identidad en los discursos, señalan cómo el modelo de Van Dijk de alteridades simbólicas (nosotros-ellos) es reproducido por otros estudios sobre identidades migrantes. Tal es el caso de Reits (2005), quien señala de qué modo en los discursos mediáticos españoles se tiende a desplegar una mirada negativizada de los rasgos identitarios de los migrantes latinoamericanos, quitando una perspectiva ampliada y sociohistórica sobre este sector social, e ignorando sus propias incorporaciones identitarias. La atribución identitaria de los grupos dominantes es la prevalente y se presenta como una verdad natural e incuestionable. Y es en dicha presentación que radican los mecanismos de su propia legitimación.

Por otra parte, observamos también que en los estudios sobre género aplican el ACD retomando los aportes de Butler (1990), cuyo objetivo es develar el rol performativo de los discursos en la construcción hegemónica de identidades de género en la sociedad patriarcal. Esa construcción consiste para la autora en la asociación y reiteración discursiva de determinados rasgos que se corresponden con una visión estereotipada de los mismos y con la descalificación de quienes subvierten dichas categorías (gays, travestis, transexuales, bisexuales, transgéneros, etcétera). Recuperando la alteridad simbólica, parte de criticar las limitaciones de la concepción binaria del género (masculino/femenino), que actúa como un presupuesto normativo heterosexista (Cháneton, 2007).

Butler aplica así elementos de la filosofía del lenguaje de Austin para dar cuenta del carácter performativo del discurso en la reproducción de las relaciones y visiones del poder en relación a las minorías sexuales. En este sentido, la performatividad reside en los mecanismos retóricos por medio de los cuales se construyen relatos regulatorios de género (con codificaciones esencialistas dominantes) que reproducen una visión hegemónica sobre el significado de lo masculino y lo femenino.

Las imágenes, gestos corporales, valores y guiones de comportamiento disciplinarios dominantes se presentan como esencias pre-discursivas, es decir, anteriores al lenguaje y por lo mismo “naturales” […] Esa aparente “pre-discursividad” es un efecto de sentido producido por las mismas prácticas significantes que son siempre históricamente construidas (Cháneton, 2007: 86).

Vemos así que si bien Butler no aplica en términos formales el ACD en sus estudios, su perspectiva analítica sobre los discursos performativos sobre género comparte elementos con la misma -en su relación entre discurso, identidad y poder- que son retomados por autores feministas que sí lo aplican en su abordajes identitarios, entre ellos podemos mencionar a Lazar (2005) y De Gregorio Godeo (2003). Incluso algunos autores llegaron a plantear la creación de una corriente feminista del ACD a la que nombraron como “Análisis Crítico del Discurso con Perspectiva feminista”, que implica una orientación de dicha perspectiva teórico-metodológica hacia las relaciones desiguales de poder basadas en cuestiones de género (Azpiazu Carballo, 2014). Al respecto, Lazar (2007) plantea una interconexión entre las estrategias discursivas empleadas en varias formas feministas y las estrategias para el cambio social. Desde un enfoque general, estos estudios analizan los discursos dando luz a la distribución funcional de roles en relación al género. Su potencialidad política como estrategia para el cambio social reside en el proceso de desnaturalización y ampliación de mirada que buscan provocar.

  1. Teoría de la argumentación en el estudio de las identidades

Mencionamos en la presentación de las teorías que componen el campo del análisis del discurso a la teoría de la argumentación en el discurso, como una perspectiva analítica que se propone analizar sus soportes argumentativos en relación con la doxa. Pero más allá de dicha teoría, dentro de las ciencias del lenguaje, la argumentación representa una dimensión de análisis que ha sido desarrollada en la antigüedad clásica por la retórica (vinculada con el uso público de la palabra). Dentro del campo de la retórica, es posible identificar tres campos de análisis: 1) el pathos, vinculado con las emociones (reacciones del auditorio); 2) el ethos, referido al enunciador (sus rasgos, su estilo), 3) el logos, vinculado a las ideas. En los estudios identitarios que aplican la teoría de la argumentación en el estudio, predominan la evocación de los primeros dos campos inscriptos en la retórica.

Maingueneau (2002; 2005b) y Ducrot (1986) recuperan la noción de ethos de la retórica y la vinculan con el discurso. Hablan del ethos en tanto posición discursiva del enunciador (locutor en términos de Ducrot): como la imagen que se construye de sí. Maingueneau vincula esa “imagen de sí” no solo a lo sostenido por el enunciador sino también al propio contexto de enunciación (la escenografía), y la imagen previa (ethos previo) que los interlocutores tienen de él. En esta misma línea, Amossy (2010) -a quien hemos referenciado en relación con la Teoría de la Argumentación en el Discurso- recupera esta idea del ethos como intento del enunciador de construir una imagen de sí y de maniobrar los ethos previos sostenidos sobre él por sus interlocutores, a través de sus marcas en los enunciados.

Podemos encontrar en estudios contemporáneos vinculados a identidades políticas la recuperación de la categoría de ethos, como imagen que construye de sí el enunciador/locutor en su inscripción en una tradición política. Vemos así los casos de Montero (2012), Vitale (2014) y Arnoux (2008) que coinciden en el análisis de ethos de presidentes latinoamericanos vinculados a sus identidades políticas. El primer caso, la investigación de Montero (2012), se propone analizar discursivamente la construcción de la identidad política de Néstor Kirchner y su vinculación con la memoria setentista. Recuperando los aportes de la retórica clásica, constituye como objeto de estudio el ethos (imagen discursiva) de Kirchner entre 2003 y 2007 a través del análisis de sus discursos públicos. Su principal hallazgo consiste en mostrar cómo en su construcción identitaria política recupera simbólicamente un pasado cercano ligado a la militancia setentista. La demostración del rol de esa memoria militante como insumo de su ethos la realiza a través de la identificación de huellas discursivas presentes en sus evocaciones sobre el pasado y también en sus topoi (la herocidad, el sacrificio, la política como lucha, el militante como hombre común, la utopía como guía, retórica antiliberal) y gestos de habla (lenguaje emocional) empleados por Kirchner como enunciador.

Esas huellas lingüísticas se despliegan en un doble plano: de identificación y alteridad, configurando un colectivo de identificación (“nosotros”) del discurso kirchnerista, pero también en el despliegue de una polémica con “los otros”. En dicho abordaje, Montero establece un diálogo teórico con la teoría de la argumentación de Angenot (1982) -a través de la búsqueda de los esquemas persuasivos atravesados por ideas inextricables puestas en discurso- pero también con la teoría de la hegemonía de Laclau (1996, 2000), quien considera al discurso como el terreno sobre el que se producen las luchas por la hegemonía y donde se construyen las identidades políticas.

Vitale (2014) por su parte, analiza la construcción del ethos presidencial de Michelle Bachelet, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, con relación al género. Utiliza como insumo los discursos de asunción de las presidentas en 2006, 2007 y 2011 respectivamente. En dicho análisis aplica para la comprensión de la construcción del ethos femenino complementos de la retórica que da el pathos, relacionados a gestos, entonaciones y expresiones vinculados con la afectividad en el discurso. En términos teórico-metodológicos la autora recurre no solo a la noción de ethos de Maingueneau (2005a; 2002) y Amossy (2000a), sino también -en función de la temática de estudio- a la noción de ethos femenino del modelo pragmático-empático de Bonnafous (2003) y Vassy (2005). La búsqueda del posicionamiento discursivo del enunciador y de la apelación a imágenes del auditorio (ethos previo) son abordados de forma enunciativa: observando la deixis, la modalidad, la dimensión polémica, las negaciones polifónicas, entre otros elementos.

La investigación sostiene en sus conclusiones que en la construcción del ethos las tres presidentas comparten como estrategia de legitimación la apelación a su condición de mujeres, aunque varían en el modo de construcción de ese ethos femenino. Por ejemplo, mientras que en el caso de Bachelet y Rouseff se capitaliza su identidad de género en sintonía con la doxa de mujer como “madre protectora” (usando expresiones no agresivas, de afecto, de no confrontación, manifestando benevolencia y solidaridad); en el caso de Fernández se inserta en el colectivo histórico de mujeres fuertes como Eva Perón, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que han logrado superar el lugar marginal asignado para las mujeres en el poder.

Arnoux (2008) por último, analiza la dimensión latinoamericanista presente en la configuración del ethos presidencial de Hugo Chávez en Venezuela. Dicha dimensión refiere a las guerras por la independencia del siglo XIX y el enlazamiento con la figura de Bolívar, en referencia a su tono épico y a la otredad construida con los países centrales (como amenaza económica y política). Utiliza como corpus de análisis los discursos político-institucionales y entrevistas realizadas a Chávez. En diálogo con el interdiscurso de la escuela francesa, plantea de qué manera el discurso presidencial ancla su identidad política en la “memoria de la independencia” bolivariana, que es evocada en sus discursos como continuada por sus propias prácticas en su presente venezolano. Recupera así la noción de “cronotopo” batjiniana para aludir a la matriz discursiva construida en función a la evocación de la figura de Bolívar y su lucha por la independencia en continuidad a su propia lucha antiimperialista.

Encontramos a la teoría de la enunciación, argumentación y el ACD, como tres perspectivas recurrentes en los estudios actuales sobre identidad. Sin embargo, el pasaje realizado por investigaciones empíricas que aplicaron el análisis del discurso a través de alguna de estas diversas perspectivas teórico-metodológicas no agota en su descripción el repertorio de perspectivas fértiles para la investigación identitaria. El propósito de esta selección de estudios sobre identidades es contribuir a la problematización del análisis del discurso como campo interdisciplinar, mostrando algunas de sus diversas perspectivas de aplicación a partir de su organización sistemática por teorías discursivas.

Reflexiones finales

A lo largo de este artículo nos hemos propuesto reflexionar sobre el rol del análisis del discurso como perspectiva teórico-metodológica, utilizando como insumo para dicha reflexión su aplicación en los estudios identitarios. La selección de dicho campo de estudios se encontró motivada por los puentes establecidos en las Ciencias Sociales entre identidades y discursos, mostrando la cristalización discursiva de los procesos de construcción identitarios como una de sus formas de abordaje empírico. A partir de ello, hemos establecido nuestros propios puentes entre el estudio de las identidades como formas discursivas y la aplicación del análisis del discurso como perspectiva, dando cuenta de las principales corrientes y teorías discursivas que resultaban recurrentes en dichos estudios. En cierta manera, el propósito de este trabajo además de realizar una esquematización de los diferentes caminos teóricos fértiles dentro del campo del análisis del discurso, fue mostrar las implicancias que estos asumen en su aplicación en estudios empíricos concretos.

La teoría de la enunciación, de la argumentación y el análisis crítico del discurso fueron las perspectivas a través de las cuales observamos los puentes entre análisis del discurso e identidades. Nuestra mirada se concentró en observar de qué manera ellas actuaban en su doble rol de teorías y herramientas metodológicas en el análisis de las identidades sociales: buscando qué miraban, dónde lo miraban, cómo lo miraban. De esta manera, y recuperando sus aportes de forma comparativa, encontramos que mientras la teoría de la enunciación resultaba una herramienta con potencialidad para el abordaje de los referenciales constitutivos y compartidos de las identificaciones sociales en corpus discursivos como entrevistas y escritos de sujetos personales o colectivos; en el estudio de las identidades políticas resultaba pertinente la aplicación de elementos de la retórica (como el ethos, pathos y las doxas), propios de la teoría de la argumentación, para el abordaje de discursos orales de referentes de tradiciones políticas. Por su parte, el análisis crítico del discurso se mostraba fructífero para la deconstrucción de identidades normativas realizadas por discursos dominantes, utilizando como corpus de análisis discursos públicos oficiales y medios de comunicación, como soportes de la consolidación de sentidos comunes hegemónicos.

La heterogeneidad de aplicación del análisis del discurso en el tratamiento empírico de las construcciones identitarias constituye un signo que advierte sobre el condicionamiento que las decisiones teórico-metodológicas implican en la construcción de datos. No buscamos con esta afirmación acentuar una perspectiva relativista, sino por el contrario subrayar el rol del posicionamiento del investigador y sus repercusiones en las decisiones de relevamiento y análisis. Consideramos que la apertura de dicha “cocina de investigación” contribuye a problematizar los fundamentos del tipo de conocimiento social construido, desde una mirada articulada y no estamental entre lo teórico, lo ontológico, lo epistemológico y lo metodológico, alejada de posicionamientos de neutralidad instrumental. En este artículo dicha apertura se dio a través de la indagación del análisis del discurso como campo. Un campo que en la unicidad de su definición esconde una profunda heterogeneidad de perspectivas y metodologías anclada en diferentes soportes teóricos, que tienen repercusiones en la construcción de datos sociales (a la que consideramos como parte integral de su análisis).

Finalmente, y como aporía de cierre, consideramos que la aproximación realizada sobre las aplicaciones del análisis del discurso en los estudios identitarios genera una apertura a nuevas reflexiones. La iluminación de los puentes existentes entre el heterogéneo campo del análisis del discurso y los estudios empíricos sobre identidades sociales, además de explicitar los soportes de los mismos, busca abrir nuevos interrogantes sobre qué otros puentes entre teorías y metodología persisten quizás ocultos a nuestra mirada sobre el proceso de investigación. Esto motiva una autorreflexión teórico-metodológica sobre nuestras decisiones como investigadores respecto de las perspectivas que aplicamos, y también sobre aquellas que descartamos en nuestras propias elecciones.

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Recibido: 27 de enero de 2015
Aceptado: 3 de agosto de 2015
Publicado: 7 de junio de 2016

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