Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, vol. 15, núm. 2, e160, diciembre 2025 - mayo 2026
ISSN 1853-7863
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET). Centro Interdisciplinario de Metodología de las Ciencias Sociales.
Red Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales

Artículos

Diálogos necesarios: fases exploratorias y sus aportes a la formación en investigación cualitativa

Maria Paula Ruiz Osorio

Facultad de Enfermería, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia / Facultad de Psicología, Universidad CES, Medellín, Colombia
Cita sugerida: Ruiz Osorio, M. P. (2025). Diálogos necesarios: fases exploratorias y sus aportes a la formación en investigación cualitativa. Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, 15(2), e160. https://doi.org/10.24215/18537863e160

Resumen: El enfoque cualitativo se caracteriza por la diversidad de métodos, perspectivas teóricas y enunciaciones paradigmáticas. Para quienes se inician y/o forman desde esta perspectiva, estos aspectos representan oportunidades y desafíos que hacen necesarias estrategias que fortalezcan los procesos de aprendizaje; las fases exploratorias son una excelente alternativa para lograrlo. El objetivo de este artículo es reflexionar sobre las contribuciones de la fase exploratoria de un estudio cualitativo al proceso formativo de la investigadora, en el marco de un trabajo de grado de maestría orientado a comprender desde una perspectiva intergeneracional la salud mental colectiva entre mujeres de la vereda La Loma, corregimiento de San Cristóbal, Medellín, a partir de sus prácticas de apropiación de territorios de borde. Dada la relativa novedad de la noción de salud mental colectiva, fue necesario refinar las comprensiones sobre la tríada salud mental colectiva, territorios y mujeres, mediante tres conversaciones con expertas académicas y el pilotaje de una técnica de producción de datos. Se concluye que la fase exploratoria permitió articular teoría y práctica en torno a la salud mental colectiva, aportando a la formación de la investigadora y generando aprendizajes relevantes para quienes se inician en el camino de la investigación cualitativa.

Palabras clave: Investigación cualitativa, Estudio exploratorio, Salud mental colectiva, Territorio.

Necessary Dialogues: Exploratory Phases and Their Contributions to Training in Qualitative Research

Abstract: The qualitative approach is characterised by the diversity of methods, theoretical perspectives and paradigmatic enunciations. For those who start and/or train from this perspective, these aspects represent opportunities and challenges that make strategies necessary to strengthen the learning processes; the exploratory phases are an excellent alternative to achieve this. The aim of this article is to reflect on the contributions of the exploratory phase of a qualitative study to the formative process of the researcher, in the framework of a master's degree project aimed at understanding from an intergenerational perspective the collective mental health of women in the village of La Loma, in the district of San Cristóbal, Medellín, based on their practices of appropriation of border territories. Given the relative novelty of the notion of collective mental health, it was necessary to refine understandings of the triad of collective mental health, territories and women, through three conversations with academic experts and the piloting of a data production technique. It is concluded that the exploratory phase allowed the articulation of theory and practice around collective mental health, contributing to the training of the researcher and generating relevant learning for those who are starting out on the path of qualitative research.

Keywords: Qualitative research, Exploratory study, Collective mental health, Territory.

Diálogos Necessários: Fases Exploratórias e Seus Aportes à Formação em Pesquisa Qualitativa

Resumo: A abordagem qualitativa se caracteriza pela diversidade de métodos, perspectivas teóricas e enunciações paradigmáticas. Para quem se inicia e/ou se forma a partir dessa perspectiva, esses aspectos representam oportunidades e desafios que tornam necessárias estratégias que fortaleçam os processos de aprendizagem; as fases exploratórias são uma excelente alternativa para alcançá-lo. O objetivo deste artigo é refletir sobre as contribuições da fase exploratória de um estudo qualitativo para o processo formativo da pesquisadora, no marco de um trabalho de mestrado orientado a compreender, a partir de uma perspectiva intergeracional, a saúde mental coletiva entre mulheres da vereda La Loma, corregimento de San Cristóbal, Medellín, a partir de suas práticas de apropriação de territórios de fronteira. Dada a relativa novidade da noção de saúde mental coletiva, foi necessário refinar as compreensões sobre a tríade saúde mental coletiva, territórios e mulheres, por meio de três conversas com especialistas acadêmicas e da aplicação piloto de uma técnica de produção de dados. Conclui-se que a fase exploratória permitiu articular teoria e prática em torno da saúde mental coletiva, contribuindo para a formação da pesquisadora e gerando aprendizagens relevantes para quem se inicia no caminho da pesquisa qualitativa.

Palavras-chave: Pesquisa qualitativa, Estudo exploratório, Saúde mental coletiva, Território.

Las fases exploratorias en investigación cualitativa: una alternativa para quienes empiezan a abrirse camino

En las últimas décadas se ha dado un aumento en la aceptación de la investigación cualitativa como enfoque válido para comprender la complejidad de los fenómenos que afectan a los sujetos y a la sociedad (Pérez-Campos et al., 2022). Esto puede deberse a que la investigación cualitativa se caracteriza por su amplitud de métodos, posturas teóricas y la pluralidad en sus consideraciones paradigmáticas. Y. aunque esta flexibilidad significa ventajas para la creatividad, los datos emergentes y el detalle de lo que se desea estudiar, también implica que no hay una única forma de llevar a cabo investigaciones cualitativas porque la riqueza está justo allí, en su “espléndido y variado mosaico de perspectivas de investigación” (Vasilachis et al., 2006, p. 24).

Para investigadores e investigadoras cualitativas en formación, estas características representan oportunidades y, a la vez, retos emocionantes. Dado que, desde este enfoque, las subjetividades se interrelacionan durante el proceso, los y las aprendices deben desarrollar competencias particulares (Tracy, 2021). Por ejemplo, al ser las aproximaciones al campo naturalistas e interpretativas, quien investiga se configura como el medio para conocer las cotidianidades e interpretar los datos. Esto requiere reflexiones profundas sobre el universo de experiencias y los lugares de enunciación, lo cual es tanto un llamado al rigor, como a la ética (Creswell, 2007).

Por lo anterior, se vuelven necesarias estrategias concretas que contribuyan a los procesos de aprendizaje que, de acuerdo con los antecedentes, pueden ser la reflexividad, considerada como una herramienta de gran valor para la generación de conocimiento (Vasilachis et al., 2006), los criterios de rigor que robustecen la calidad de los procesos de investigación cualitativos (Tracy, 2021), y finalmente, las fases exploratorias de los estudios (Kim, 2011).

Las fases exploratorias son una alternativa interesante para navegar esos retos formativos de quienes comienzan a abrirse camino (Kim, 2011; Quivy & Campenhoudt, 2005). Se entienden como ejercicios en los que se evalúan, a pequeña escala, elementos del estudio principal o algunas de las técnicas con las que se producirán datos en campo (Humphrey-Beebe, 2007). Sus usos varían en función de los propósitos: por ejemplo, pueden ofrecer advertencias anticipadas sobre dónde podría fallar el proyecto de investigación principal; también si los protocolos de investigación presentan dificultades teóricas o éticas, e incluso si las técnicas de producción de datos son apropiadas y comprensibles para quienes participan del proceso (van Teijlingen & Hundley, 2002). Una de las claves de sus posibles usos es la potencia de su empleo para los y las investigadoras aprendices (Kim, 2011). Según Quivy y Campenhoudt (2005), quienes empiezan a explorar la investigación desde el enfoque cualitativo, podrían beneficiarse de las fases exploratorias para abrir la mente, escuchar, reflexionar y contemplar nuevas ideas; cuestionar creencias arraigadas e intentar tener un panorama preliminar acerca de los posibles participantes y sus realidades.

Como es propio en el enfoque cualitativo, las fases exploratorias desde esta perspectiva no siguen formas preestablecidas de realización debido a su diseño flexible. La flexibilidad se refiere a la dinamización de la estructura que determina el funcionamiento de un estudio (Vasilachis et al., 2006). En otras palabras, gran parte de lo que se requiere para comprender los fenómenos podría estar sujeto a cambios si estos permiten el abordaje de aspectos relevantes que amplíen la perspectiva de la realidad analizada (Creswell, 2009). Esta posibilidad es fundamental y va en paralelo con algunos de los objetivos mismos de las exploraciones, tales como detectar situaciones nuevas e inesperadas relacionadas con el tema en cuestión, ajustar las preguntas de investigación y los objetivos, evaluar la viabilidad de utilizar nuevas técnicas de recolección de datos y discutir teóricamente los resultados de manera acertada a lo largo del proceso de investigación (Quivy & Campenhoudt, 2005; Vasilachis et al., 2006).

Ahora, ¿cómo se llevan a cabo? Hay quienes empiezan por revisiones documentales previas que ayuden a ampliar o rectificar asuntos una vez se establezca contacto con la realidad (Quivy & Campenhoudt, 2005). También se puede dar apertura a los exploratorios con entrevistas en profundidad o grupos de discusión para abrir los horizontes de las indagaciones (van Teijlingen & Hundley, 2002). En cualquier caso, para las exploraciones son adecuados métodos flexibles como las entrevistas poco directivas y la observación, más que las aproximaciones rígidas como encuestas, cuestionarios o técnicas complejas de análisis de contenido (Kim, 2011; Quivy & Campenhoudt, 2005; van Teijlingen & Hundley, 2002). Esto se debe a que las técnicas flexibles tienen como propósito generar reflexiones, ideas y nuevas preguntas, no confirmar hipótesis predeterminadas (Quivy & Campenhoudt, 2005).

Aun cuando las ventajas son generosas, la literatura sobre las fases exploratorias en investigación cualitativa es contradictoria y escasa debido a diversos motivos, siendo el más común la confusión con los estudios piloto del enfoque cuantitativo. Dado que no se trata de estos últimos ni de un estudio principal, el propósito de las exploraciones no es generar resultados concluyentes sobre lo que se estudia, ni extrapolar o generalizar conclusiones para una comprensión sistemática de la realidad (Sorondo, 2023). A menudo se leen críticas como que las predicciones de los resultados son inexactas o que presentan “sesgos” en los datos, cuando en realidad son expectativas que se alejan de los objetivos con los que se realizan (Sorondo, 2023; van Teijlingen & Hundley, 2002). También se atribuye a las exploraciones como única utilidad la evaluación de instrumentos de investigación cuantitativa, o se cree que debido a su supuesto bajo impacto, es una fase que debe ser omitida dada la premura del tiempo que imponen las demandas de los financiadores o los procesos formativos en sí mismos (Kim, 2011).

Todas estas suposiciones, de fondo, desconocen la naturaleza y objetivos de las exploraciones en investigación cualitativa, que realmente se orientan a aportar rigurosidad al diálogo entre la teoría y la realidad en la medida en que permiten confrontar los presupuestos teóricos y el contexto del fenómeno a estudiar (Sorondo, 2023). Esto se traduce en el mejoramiento de la calidad de los estudios porque economizan energía y tiempo llegado el momento de profundizar en el campo (Quivy & Campenhoudt, 2005).

Lo anterior resulta de suma importancia si se consideran las dinámicas aceleradas que caracterizan los procesos de formación. En estos casos, los exploratorios son una excelente alternativa para aportar rigor al aprendizaje. De acuerdo con Di Virgilio et al. (2007), hay tres prácticas específicas que requieren el desarrollo de competencias para investigadores aprendices: el proceso de plantear un problema que lleve a comprensiones de alto valor acerca del fenómeno; la creación y aplicación de estrategias de producción y análisis de datos que aborden las particularidades de los problemas planteados; y finalmente, el arte del trabajo de campo. Estas tres situaciones demandan el fortalecimiento de competencias particulares que capaciten a los estudiantes y futuros investigadores. Dada la complejidad de estos asuntos, no suelen desarrollarse al interior de un aula, sino de cara a experimentar situaciones reales, y los exploratorios son excelentes opciones para ello (Di Virgilio et al., 2007).

Teniendo como base estos retos para la formación, en adelante se proponen algunas reflexiones derivadas de una investigación ya concluida: un estudio realizado para optar al título de magíster en Salud Colectiva en la Universidad de Antioquia, Medellín. En dicho proceso se desarrolló una fase exploratoria que, más allá de constituir un procedimiento preliminar de recolección de información, se asumió como un espacio formativo en sí mismo. Esta fase resultó de gran valor para el proceso de formación como investigadora cualitativa, pues permitió resolver interrogantes metodológicos, afinar asuntos teóricos y conceptuales, y fortalecer las habilidades necesarias antes de la inmersión en el campo (Humphrey-Beebe, 2007; Kilanowski, 2006; Kim, 2011). En este sentido, la noción de “fase exploratoria” se utiliza en el artículo para destacar, por un lado, la etapa inicial del estudio en la que se delimitaron el problema y el camino metodológico, y por otro, su valor como proceso transversal que permitió habitar la flexibilidad propia de la investigación cualitativa.

Salud mental colectiva entre mujeres de la vereda La Loma, corregimiento de San Cristóbal: el relato de las exploraciones realizadas

La fase exploratoria que se relata a continuación tuvo dos propósitos: esclarecer interrogantes teóricas, conceptuales y metodológicas derivadas de la estructuración del planteamiento del problema y evaluar la viabilidad de una de las técnicas de producción de datos. El estudio principal estableció como objetivo comprender desde una perspectiva intergeneracional la salud mental colectiva de las mujeres de la vereda La Loma, corregimiento de San Cristóbal, Medellín, a partir de sus prácticas de apropiación de territorios de borde.

La pregunta que subyace a este objetivo asume la importancia del vínculo entre aspectos sociales, procesos subjetivos e intersubjetivos para la producción de salud mental. Este punto de vista ha sido marginal entre las perspectivas biomédicas que imperan en el campo, dada la separación tajante entre los sucesos intrapsíquicos y externos (Betancur-Betancur et al., 2023); en tanto allí sujeto y sociedad parecen ser dos objetos ontológicamente separados (Elias, 1939). La salud mental desde el campo de la salud colectiva reconoce que la dimensión social determina a los sujetos y que las acciones ejercidas por estos en la cotidianidad son respuestas sanadoras que producen salud y salud mental (Arias López, 2022; Hernández-Holguín, 2022).

Estos supuestos vienen representando una serie de rupturas paradigmáticas propuestas por académicas en América Latina que llevan a reconsiderar cómo se comprende la salud mental colectiva y cómo se pretende su abordaje en avances investigativos. De base está el interés por sacar la salud mental de la mente y ponerla en lo colectivo, complejizando el entramado subjetividad-intersubjetividad-sociedad (Arias López, 2022; Arias-López & Hernández-Holguín, 2020; Bang, 2022; Betancur-Betancur et al., 2023). Para los intereses del estudio en el cual se enmarcó la fase exploratoria, lo anterior implicó mayores comprensiones a partir del vínculo salud mental y territorio.

El territorio viene siendo reconocido como un concepto central para entender los procesos de salud (Borde & Torres-Tovar, 2017) y de salud mental colectiva (Arias-López & Hernández-Holguín, 2020; Bang, 2022; Furtado et al., 2016). En este último caso existen antecedentes significativos y, sin embargo, continúa siendo un entramado a profundizar. Es por ello que, en este caso, surge la necesidad de llevar a cabo una fase exploratoria previa al desarrollo del estudio. Por un lado, debido a la relativa novedad del tema que exigía conversaciones con personas clave que ya habían transitado las mismas búsquedas. Además, teniendo en cuenta que la formación de la investigadora aprendiz era la psicología, los conocimientos acerca del concepto de territorio y su vínculo con la salud mental eran escasos. Por último, la novedad de la temática desencadenaba retos metodológicos en términos de las estrategias para la producción de datos.

La metodología de las exploraciones se desarrolló en dos momentos. El primero comprendió una serie de conversaciones con informantes clave (Quivy y Campenhoudt, 2005), las cuales se recomiendan con personas como maestros/as o investigadores/as que han profundizado antes en el tema, testigos privilegiados y las personas o comunidades que se relacionan directamente con el fenómeno de estudio. En esta oportunidad, se realizaron con investigadoras de la ciudad de Medellín para refinar aspectos teóricos. Dos de esos encuentros fueron presenciales y uno virtual, con una duración aproximada de una hora y veinte minutos. Las participantes fueron una socióloga con doctorado en geografía y experiencia en los temas de ruralidades, territorios entre lo urbano y lo rural (de borde), laderas urbanas y proyectos intencionados al trabajo con mujeres; una psicóloga con doctorado en salud pública experta en promoción de la salud mental y salud mental colectiva, cuya tesis doctoral fue realizada con organizaciones sociales que trabajan por medio del arte y la cultura; y, por último, una historiadora con doctorado en historia, cuyos intereses se han centrado en estudios rurales, urbanos y del desarrollo en Medellín, en específico, en el tema de periferias urbanas y trabajo con mujeres.

El segundo momento del exploratorio fue con otras de las informantes clave: mujeres que hacen parte de la comunidad. Esta actividad consistió en el pilotaje de una de las técnicas de producción de datos: los grupos de discusión con estrategia evocativa fotográfica. Desde sus inicios, se planteaba como eje analítico la perspectiva intergeneracional de la salud mental colectiva que permitiera ver los cambios y permanencias en los procesos de salud mental colectiva entre las mujeres que habitan la vereda La Loma. Para ello se planteó realizar la estrategia de un grupo de discusión en el que la conversación fuera facilitada por fotografías de álbumes familiares. Este se realizó con dos mujeres, una de treinta y dos años y la otra de sesenta y cinco. El encuentro tuvo una duración aproximada de dos horas y media. Tanto esta técnica como las conversaciones antes mencionadas fueron grabadas, transcritas y se realizó un análisis basado en objetivos.

El estudio fue aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia por medio del Acta Nº 247 CEI-FE. Fue considerada investigación de riesgo mínimo según la resolución 8430 de 1993 del Ministerio de Salud de Colombia. Todas las participantes eran mayores de edad y otorgaron su consentimiento para formar parte de este.

Refinamiento de aspectos teóricos y conceptuales: los primeros aprendizajes

Uno de los aportes de las fases exploratorias cualitativas al desarrollo de capacidades en investigadores/as en formación es el refinamiento de cómo se estructura el problema y cómo se comprenden tanto el fenómeno de estudio, como las experiencias y vidas de los sujetos que podrían elegir participar (Kim, 2011). Plantear con rigurosidad esta fase es un reto, ya que implica preguntas por el lugar que ocupa la teoría. En el enfoque cualitativo, los referentes teóricos iluminan desde el principio el camino de investigación sin imponer una ruta cerrada, pues lo que se busca es construir en diálogo con la realidad (Vasilachis et al., 2006). Desde esta perspectiva, Quivy y Campenhoudt (2005) denominan ruptura teórica al esfuerzo por reconocer el caudal previo de ideas y marcos conceptuales, evitando que se conviertan en atajos que lleven a interpretaciones apresuradas. Estructurar los procesos de conocimiento sobre estas bases es, de entrada, construir sobre la inestabilidad. Las exploraciones posibilitan romper prejuicios y explorar nuevas aristas teóricas que develen significados de los fenómenos estudiados más agudos que los anteriores.

La fase exploratoria, en este caso, pretendía esclarecer distintas interrogantes de este tipo. En primer lugar, el contexto geoespacial de interés para el estudio, la vereda La Loma del Corregimiento de San Cristóbal en Medellín, corresponde a un espacio de ladera que comparte características tanto rurales como urbanas. Los antecedentes rastreados coinciden en que, para nominar estos espacios, se han utilizado distintos términos como ruralidad, suburbanidad, periurbanidad, rurbanidad o nuevas ruralidades. Esto ha generado inquietudes acerca de las diferencias entre ellos, e incluso, si es necesario su uso para hacer referencia a estos territorios y las vidas de quienes les habitan (Egio-Rubio & Torrejón-Cardona, 2014). Esta fue una de las rupturas teóricas que se buscó gestionar con las exploraciones: más que para hacer uso adecuado del término, lo que se pretendía era comprender si las categorías tenían significados específicos en relación con las prácticas sociales y las subjetividades.

Las primeras conversaciones con las investigadoras giraron alrededor de esta temática, llevando a reflexionar sobre cómo estas categorías representan la superficie de problemáticas mucho más profundas (Egio-Rubio & Torrejón-Cardona, 2014). La planeación urbana, que determina los planes de ordenamiento territorial, ha seguido una trayectoria que dicotomiza el campo y las ciudades, privilegiando lo institucional sobre las voces de las personas y comunidades. Las manifestaciones de esto se reflejan en ciudades construidas en laderas, habitadas por personas en condiciones socioeconómicas y laborales precarias, que enfrentan desigualdades e inequidades (Niño-Murcia et al., 2023). San Cristóbal y la vereda La Loma, en particular, son espacios que soportan una considerable presión urbanística (Higuita-Alzate, 2013).

Las investigadoras hacían una crítica a que, en muchos casos, las categorías territoriales mantienen discursos académicos o políticos que desconocen los marcos de referencia propios de los espacios sociales. Por ello, resaltaban que las herramientas políticas e institucionales de planeación han profundizado la dicotomía ruralidad-urbanidad, cuestionada por diversas posturas teóricas y disciplinares (Canabal-Cristiani, 2005; Cruz-Rodríguez, 2005; Jana Aguirre, 2022). Lo que se pone en entredicho con estos ejercicios verticales de planeación, es que consideran campo y ciudad como espacios que se excluyen mutuamente, inscritos en límites precisos tanto físicos como simbólicos. Las comprensiones derivadas de esta perspectiva son reducidas para abordar lo que sucede en las vidas de quienes habitan los territorios. En cambio, las nuevas tendencias defienden que resulta inaplazable un cambio del dualismo hacia concepciones integradoras que permitan análisis rigurosos y cercanos a la realidad (Jana Aguirre, 2022).

Las inquietudes por definir una terminología adecuada entre periurbanidad, rurbanidad, nuevas ruralidades, territorios de borde, podrían resolverse atendiendo a los marcos de referencia de quienes habitan los territorios e interpretan sus transformaciones (Egio-Rubio & Torrejón-Cardona, 2014), aun si esto implica aceptar la borrosidad espacial (Almeida-Filho, 2006). Las discusiones exploratorias permitieron comprender que lo fundamental son las experiencias de las mujeres que inspiran las búsquedas y la manera como ellas nombran el territorio en el que habitan. Este hallazgo condujo a una doble ruptura: por un lado, con el lenguaje teórico establecido, al abrir la posibilidad de acoger los significados locales como fuente legítima de conocimiento; y por otro, con las visiones reducidas del espacio, al reconocer el papel central de las mujeres en la construcción y apropiación de los territorios, así como la relevancia de la perspectiva intergeneracional. De este modo, la fase exploratoria más que un procedimiento técnico, permitió ir aclarando posturas ontológicas y epistémicas de la investigadora en formación que reconocen los saberes situados y cuestiona los marcos que reducen la complejidad de la experiencia vivida.

A lo anterior se suma otra de las interrogantes iniciales que se fue aclarando en la fase exploratoria: la pregunta por cómo figuran las mujeres en las narrativas espaciales. Los barrios y veredas autoconstruidas son un tema que se ha venido estudiando con fuerza desde la arquitectura y la planeación urbana latinoamericanas (Sacón & Sorrents, 2019). De acuerdo con las conversaciones con las informantes clave, los estudios que se han hecho al respecto son análisis morfológicos, espaciales, estéticos y topográficos. Sin embargo, han sido narradas visibilizando especialmente las contribuciones de los hombres por la adjudicación cultural al género masculino de este tipo de prácticas, e ignorando el carácter colectivo de estas dinámicas y las labores que las mujeres han desempeñado allí (Sacón & Sorrents, 2019).

Además de ser figuras de liderazgo para la organización, planeación de las construcciones y los procesos de apropiación, las mujeres han tejido redes sociales, estrategias de cuidado, han sido determinantes para los procesos organizativos. Han cargado ladrillos y levantado muros (Sacón & Sorrents, 2019). Las indagaciones sobre el tema deberían intentar rastrear sus voces y aportes, en especial para que las mujeres que viven y mueren en estos espacios como La Loma, reconozcan la genealogía de antecesoras que abrieron caminos, construyeron puentes y aportaron para que el territorio sea lo que es (Lagarde, 2000).

Lo anterior se enlaza con una temática que fue recurrente en las conversaciones con las informantes clave: la intergeneracionalidad como perspectiva analítica para integrar territorio, mujeres y salud mental. Los estudios intergeneracionales entre mujeres han demostrado ser un insumo valioso que permite develar la continuidad y cambios en las subjetividades femeninas, en especial el sentido que tiene la historia del territorio para sus vidas y la intersección entre distintas desigualdades en razón del género (Caro-Molina, 2017; Díaz Méndez, 2007; Jana Aguirre, 2022; Micheletti et al., 2019; Valdés & Rebolledo, 2015). Según Caro-Molina (2017), el hecho de que múltiples generaciones de mujeres habiten contextos rurales las expone a mayor precariedad, segregación y exclusión en comparación con otras. Por este motivo, tanto los antecedentes como las conversaciones con las investigadoras concuerdan en que es una aproximación acertada para orientar preguntas como las que ocupan en este caso.

Sin embargo, la intergeneracionalidad adquiere, en este contexto, un significado particular para la salud mental. Más que un concepto que alude a la edad es una noción que da cuenta de los vínculos, de relaciones que configuran lo colectivo para producir, crear y transformar tanto a nivel subjetivo como intersubjetivo. Las generaciones mayores transmiten a las demás los saberes, normatividades y posibilidades que consideran valiosas en sus vidas, y viceversa, dando lugar a flujos de intercambios (Sáez-Carreras, 2009). La intergeneracionalidad constituye una dimensión colectiva de la salud mental que habla de cómo es experimentado el territorio en momentos históricos diversos, y a la vez, de la interconexión espacio-temporal de vivir el presente a partir de lo que ha sido el pasado para otras y con otras.

Vista desde esta perspectiva, la intergeneracionalidad conduce a la última ruptura teórica clave de la exploración: ¿cómo lograr comprender la salud mental desde el campo de la salud colectiva? Allí se entraña una de las derivas fundamentales de la fase exploratoria tanto para el estudio, como para la formación de la investigadora. Más que una respuesta concreta a la pregunta, las conversaciones fueron oportunidades para interpelar, profundizar y retomar conocimientos construidos durante la formación de base como psicóloga, que permitieron estructuraciones teóricas más profundas del campo de estudio (Quivy & Campenhoudt, 2005).

Al intentar conceptualizar la salud mental, lo primero es considerar que se trata de un campo polisémico. Según Stolkiner y Ardila-Gómez (2012), las posibilidades dependen de cómo se definan tanto la salud como lo mental. Para las dos perspectivas más aceptadas, la biomédica y la comportamental, lo mental puede derivarse de funciones cerebrales en correspondencia con una mirada intrapsíquica, o puede producirse debido a procesos cognitivos y conductuales, reforzando la noción individual del fenómeno. Otras perspectivas, como las socioculturales fundamentadas en la salud colectiva, entienden lo mental como un emergente social (Restrepo & Jaramillo, 2012), que se produce en la interacción entre sujetos, intersubjetividades, aspectos microsociales y macroestructurales; un proceso que implica pugnas e intereses que se viven en la cotidianidad (Arias López, 2022; Betancur-Betancur et al., 2023; Hernández-Holguín, 2022). La formación en el caso de la psicología tiende a orientarse a las dos primeras perspectivas. Por ello, aunque en las conversaciones no emergió una conceptualización de salud mental teniendo en cuenta que no era ese el interés, sí fue posible cuestionar aspectos teóricos específicos para lograr mejores comprensiones de la unión entre campos para el estudio.

Aprender a navegar por aguas desconocidas: aportes metodológicos

A estos aportes teóricos y conceptuales se suman una serie de refinamientos metodológicos, derivados tanto de la evaluación de la técnica de producción de datos como de las conversaciones con las investigadoras. Estos refinamientos tuvieron como finalidad ajustar cuestiones antes de la inmersión en el campo para mejorar la calidad del proceso.

El trabajo de campo es uno de los puntos nodales de la investigación cualitativa porque se trata de investigaciones que se llevan a cabo en ambientes naturales (Di Virgilio et al., 2007). Más que para recolectar datos que se analizan a posteriori, es un proceso generador de datos en sí mismo, ya que allí se entrelazan las prácticas y teorías locales, académicas y de quien investiga (Guber, 2020). Hay numerosos aspectos a tener en cuenta que el investigador en formación debe ir aprendiendo con el paso del tiempo, sin embargo, los exploratorios son herramientas para acortar algunos caminos (Di Virgilio et al., 2007). Lo relatado a continuación son algunas de las reflexiones metodológicas que las exploraciones alumbraron.

El primer eje de reflexión fue la necesidad de realizar una revisión documental exhaustiva para que la inmersión en el campo fuera más específica. Esto teniendo en cuenta que el método elegido en la investigación fue el estudio de caso de tipo etnográfico, en el cual esta técnica es central. Según Stake (1999, p. 66), “bastante a menudo, los documentos sirven como sustitutos de registros de actividades que el investigador no puede observar directamente. Algunas veces, estos registros son observadores más expertos que el investigador, naturalmente”.

Dado que el estudio tenía un interés por las huellas territoriales, así como por el sentido que tienen y han tenido para la salud mental colectiva de las mujeres, las conversaciones exploratorias destacaron la importancia de considerar no solo el pasado, sino también cómo estas huellas permanecen en el presente. Las huellas son vestigios de lo que fue, por lo que es necesario una contextualización adecuada para facilitar una observación precisa en el campo, y en especial, para rastrear los relatos de las mujeres en los documentos (Hernández-Ciro, 2014).

A la importancia de la revisión documental, se sumó la sugerencia de dos técnicas más para robustecer el diseño metodológico del estudio que, si bien estaban contempladas, se discutieron en las exploraciones con propósitos ampliados: los recorridos territoriales y las técnicas visuales. Los recorridos territoriales son una técnica muy utilizada en etnografía que permite aproximaciones a las prácticas sociales y cómo estas configuran los territorios. Para quien investiga, es una “actividad profundamente social y están cargadas de un conocimiento territorial corporizado […] el movimiento en sí mismo es una fuente de conocimientos, que tiene sus tiempos, ritmos e inflexiones” (Matarrese, 2015, pp. 131-132). Al inicio, fueron incluidos en el estudio para facilitar la observación participante, sin embargo, se discutieron en las conversaciones con las informantes clave con otra intencionalidad: como estrategias de extrañamiento.

Teniendo en cuenta que la investigadora en formación tenía un vínculo de cinco años con el territorio y las mujeres que le habitan, por motivos laborales y luego por los afectos que se fueron construyendo, era necesario un distanciamiento que permitiera convertir lo familiar en particular, e intentar con ello comprensiones con cierta perspectiva (Lins-Ribeiro, 1989). Lo que permiten los recorridos territoriales es que, andando caminos, se aprehenden los espacios cuando las categorías teóricas no son suficientes (Matarrese, 2015), y una de las mejores maneras de registrarlos es a través de las técnicas visuales.

Las técnicas visuales, así como los recorridos, se robustecieron en propósitos para dar mejor cumplimiento a los objetivos. Estas técnicas vienen ampliando los horizontes en investigación cualitativa porque se han convertido en formas alternativas de comprender la realidad y de comunicar aquello que se interpreta. En etapas iniciales, sus usos se orientaban al interés por describir; posteriormente, las intencionalidades fueron analíticas, ya que constituyen datos en sí mismas, herramientas de generación de información o de registro del trabajo en campo (Betancur-Betancur & Oviedo-Cáceres, 2022). Por ello, con el exploratorio se planteó la alternativa de registrar los recorridos mediante estas y, con la evaluación del grupo de discusión con estrategia evocativa fotográfica, la riqueza de los álbumes familiares para facilitar conversaciones sin la rigidez de la entrevista convencional.

Para profundizar en las reflexiones del pilotaje de la estrategia de producción de datos, lo primero sería resaltar que cumplió con el objetivo que se había planteado en el protocolo: conocer cambios y permanencias entre distintas generaciones de mujeres que habitan la vereda La Loma, identificando algunas experiencias y prácticas con las que se han apropiado a lo largo de la historia de los espacios. Como estrategia metodológica, el grupo de discusión alrededor de los álbumes familiares facilitó un espacio de conversación abierto y flexible en el que se debatieron temas entre las participantes.

Según Arboleda (2008), la profundidad de los grupos de discusión la da la interacción entre quienes participan porque se ponen en juego tanto aspectos subjetivos como los sistemas simbólicos, las relaciones de poder o los movimientos internos en razón de la interpelación, la corrección y los acuerdos. Como herramienta de producción de datos es poco utilizada en investigaciones en salud, sin embargo, da cuenta de los sentidos y significados de saberes o prácticas cotidianas relacionados con el cuidado de la misma (Arboleda, 2008). Estos aspectos fueron vividos durante la fase exploratoria llevada a cabo.

Conclusiones

A la pregunta sobre si son útiles o no las fases exploratorias en investigación cualitativa, la respuesta es contundente: sí, y en especial en el caso de investigadores e investigadoras en formación. Estas fases constituyen una alternativa enriquecedora porque sirven de base para enfrentar los retos inherentes al enfoque —la flexibilidad, el carácter naturalista e interpretativo de lo cualitativo— transformándolos en oportunidades de aprendizaje y en un soporte que permite mayor rigor en los procesos formativos (Di Virgilio et al., 2007). Estas fases no solo fortalecen las competencias investigativas, sino que también optimizan tiempo y esfuerzos de cara a dinámicas temporales que lo exigen (Kim, 2011).

En el caso de la experiencia relatada, los aprendizajes fueron múltiples y pueden organizarse en tres dimensiones que dialogan con la literatura existente, pero que se amplían a partir de la práctica concreta: el diálogo entre teoría y realidad, que permitió refinar y reposicionar los puntos de partida teóricos de cara al trabajo de campo; los ajustes metodológicos a partir de los aprendizajes de informantes clave; y finalmente, la apertura a nuevas ideas, expresada en la potencia de los diálogos transdisciplinares, que resaltan la riqueza de superar los límites disciplinares en la investigación en salud.

En primer lugar, se resalta la riqueza del fortalecimiento del diálogo entre la teoría y la realidad. Este proceso implicó interpelar, refinar y retomar elementos del caudal teórico con el que contaba la investigadora en formación, para favorecer un aprendizaje situado sin apresurarse con interpretaciones a priori (Sorondo, 2023). Esto coincide con lo planteado por Quivy & Campenhoudt (2005), pero se amplía al mostrar cómo dicho diálogo no solo enriquece la comprensión del fenómeno y de los participantes, sino que también reposiciona a la propia investigadora dentro del campo de la salud mental.

En segundo lugar, uno de los grandes aportes de esta fase exploratoria relatada fueron los ajustes metodológicos derivados de las conversaciones con las académicas y con las mujeres de la vereda La Loma. Si bien la literatura reconoce que estas fases son útiles para afinar los diseños metodológicos (van Teijlingen & Hundley, 2002), en este caso se evidenció que su alcance va más allá: permitió fortalecer el rigor investigativo y la relevancia del estudio ya concluido al replantear no solo las técnicas y procedimientos, sino también los propósitos que las orientaban y las relaciones entre ellas.

Por último, uno de los aprendizajes más significativos fue la potencia de la transdisciplinariedad tanto para la formación en investigación cualitativa, como para las indagaciones que interesan al campo de la salud colectiva y de la salud mental colectiva. Como plantea Almeida-Filho (2006), si lo que se pretende son comprensiones complejas de los fenómenos en salud, es inaplazable construir conocimientos que atraviesen fronteras disciplinarias. Esta experiencia exploratoria fue un ejemplo de ello.

Agradecimientos

A la docente Beatriz Elena Arias López, quien fue la directora del trabajo de grado de cual se derivan estas reflexiones. Ella fue fundamental para consolidar los aprendizajes aquí plasmados.

Referencias bibliográficas

Almeida-Filho, N. (2006). Complejidad y transdisciplinariedad en el campo de la salud colectiva: Evaluación de conceptos y aplicaciones. Salud Colectiva, 2(2), 123-146. https://doi.org/10.18294/sc.2006.45

Arboleda, L. (2008). El grupo de discusión como aproximación metodológica en investigaciones cualitativas. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 26(1), 69-77.

Arias-López, B. E. (2022). Disputas y avatares en torno al sujeto de la salud mental colectiva. Revista Fronteras, 18(1), 22-31. http://revistafronteras.cienciassociales.edu.uy/index.php/front/issue/view/32/showToc

Arias-López, B. E. & Hernández-Holguín, D. M. (2020). Salud mental colectiva y cuidados transnacionales: Retos y desafíos. Revista Gerencia y Políticas de Salud, 19(1), 1-12. https://doi.org/10.11144/JAVERIANA.RGPS19.SMCC

Bang, C. (2022). Salud mental comunitaria y colectiva: Reflexiones desde la investigación, el desarrollo y acompañamiento de experiencias territoriales. Revista Fronteras, 18(1), 35-45. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8663737

Betancur-Betancur, C., Arias-López, B. E. & Restrepo-Ochoa, D. A. (2023). Decidir la vida que queremos: Aportes de organizaciones culturales a la promoción de la salud mental. Revista CES Psicología, 16(2), 62-72. https://doi.org/10.21615/cesp.6478

Betancur-Betancur, C. & Oviedo-Cáceres, M. del P. (2022). Usos, retos y perspectivas de las técnicas visuales en la investigación en salud pública. Salud UIS, 54(1), 1-12. https://doi.org/10.18273/saluduis.54.e22008

Borde, E. & Torres-Tovar, M. (2017). El territorio como categoría fundamental para el campo de la salud pública. Saúde em Debate, 41(spe2), 264-275. https://doi.org/10.1590/0103-11042017S222

Canabal-Cristiani, B. (2005). Actores rural-urbanos: Proyectos e identidades. En H. Ávila Sánchez (Ed.), Lo urbano-rural, ¿nuevas expresiones territoriales? (pp. 161-178). Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. http://www.clacso.edu.ar

Caro-Molina, P. (2017). Desigualdad y transgresión en mujeres rurales chilenas: Lecturas desde la interseccionalidad, género y feminismo. Psicoperspectivas, 16(2), 125-137. https://doi.org/10.5027/psicoperspectivas-vol16-issue2-fulltext-1050

Creswell, J. W. (2007). Qualitative inquiry and research design: Choosing among five different approaches (2nd ed., L. Cuevas-Shaw, Ed.). Sage.

Creswell, J. W. (2009). Research design: Qualitative, quantitative, and mixed methods approaches (3rd ed.). Sage.

Cruz-Rodríguez, M. S. (2005). Las dimensiones rural y urbana en los espacios periféricos metropolitanos: El caso de la Zona Metropolitana del Valle de México. En H. Ávila Sánchez (Ed.), Lo urbano-rural, ¿nuevas expresiones territoriales? (pp. 179-206). Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. http://www.clacso.edu.ar

Díaz Méndez, C. (2007). Mujeres jóvenes y ruralidad: Dos generaciones y dos estrategias de inserción sociolaboral. Aula Abierta, 35(1), 117-132. https://digibuo.uniovi.es/dspace/handle/10651/26932

Di Virgilio, M., Fraga, C., Najmias, C., Navarro, A., Perea, C. & Plotno, G. (2007). Competencias para el trabajo de campo cualitativo: Formando investigadores en ciencias sociales. Revista Argentina de Sociología, 5(9), 90-110.

Egio-Rubio, C. J. & Torrejón-Cardona, E. Y. (2014). Actores sociales y ordenamiento territorial rural: Los corregimientos de Medellín, Colombia. Bitácora Urbano Territorial, 24(2), 151-163. http://www.scielo.org.co/pdf/biut/v24n2/0124-7913-biut-24-02-151.pdf

Elias, N. (1939). A sociedade dos indivíduos. Zahar.

Furtado, J. P., Oda, W. Y., Borysow, I. da C. & Kapp, S. (2016). A concepção de território na saúde mental. Cadernos de Saúde Pública, 32(9), 1-9. https://doi.org/10.1590/0102-311x00059116

Guber, R. (2020). Pensar la investigación de campo desde Ibero-América: 4 líneas y 4 paradojas. AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, 15(3), 449-474. https://doi.org/10.11156/aibr.150302

Hernández-Ciro, E. (2014). Barrio. En Mucha tela qué cortar: Memorias e historias desde los barrios de Robledo (pp. 17-29). Alcaldía de Medellín.

Hernández-Holguín, D. M. (2022). Dimensiones de lo colectivo de la salud mental en prácticas de construcción de paz, Colombia. Revista Fronteras, 18(1), 67-80. http://revistafronteras.cienciassociales.edu.uy/index.php/front/issue/view/32/showToc

Higuita-Alzate, K. (2013). Jóvenes del territorio rural en el contexto de la expansión urbana: Estudio de caso Corregimiento San Cristóbal, Medellín, Colombia. Bitácora Urbano Territorial, 22(1), 109-118. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5001847

Humphrey-Beebe, L. (2007). What can we learn from pilot studies? Perspectives in Psychiatric Care, 43(4), 213-218. https://doi.org/10.1111/j.1744-6163.2007.00136.x

Jana Aguirre, D. (2022). Abuelas, madres e hijas rurales: Conceptualización de lo femenino en los aquelarres de España y Chile. Estudio comparativo a través del método biográfico [Tesis doctoral]. Universidad Complutense de Madrid.

Kilanowski, J. F. (2006). Lessons learned from a pilot study on the health status of children from itinerant populations. Journal of Pediatric Health Care, 20(4), 253-260. https://doi.org/10.1016/j.pedhc.2005.12.018

Kim, Y. (2011). The pilot study in qualitative inquiry. Qualitative Social Work, 10(2), 190-206. https://doi.org/10.1177/1473325010362001

Lagarde, M. (2000). La filiación de género. En S. Montenegro (Ed.), Claves feministas para liderazgos entrañables (pp. 45-62). Puntos de Encuentro.

Lins-Ribeiro, G. (1989). Descotidianizar: Extrañamiento y conciencia práctica. Un ensayo sobre la perspectiva antropológica. Cuadernos de Antropología Social, (3), 15-32.

Matarrese, M. (2015). De la entrevista al recorrido territorial: Reflexiones etnográficas. AVÁ, (27), 119-140.

Micheletti, S., Saravia Cortés, F. & Letelier Troncoso, F. (2019). Los contenidos del habitar rurbano: Prácticas, movilidad e identidades en las ciudades intermedias del Maule, Chile. Cuaderno Urbano, 27(27), 111-134. https://doi.org/10.30972/CRN.27274121

Niño-Murcia, C., Chaparro-Valderrama, J., López-Borbón, W. & Jara-Ramírez, S. (2023). Bogotá hecha a mano: Barrios autoconstruidos, una gesta social y cultural. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. https://idpc.gov.co/publicaciones/producto/bogota-hecha-a-mano/

Pérez-Campos, G., Saucedo-Ramos, L., Campos-Huichán, M., Alarcón-Delgado, I., Estrada, K., Suárez-Castillo, P. & Canto-Maya, C. (2022). ¿Qué demonios es la investigación cualitativa? Problematización y posicionamiento desde la psicología sociocultural. Revista Digital Internacional de Psicología y Ciencia Social, 8(1), 1-21. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8816384

Quivy, R. & Van Campenhoudt, L. (2005). Manual de investigación en ciencias sociales. Editorial Limusa.

Restrepo, D. & Jaramillo, J. C. (2012). Concepciones de la salud mental en el campo de la salud pública. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 30(2), 202-211.

Sacón, T. & Sorrents, G. (2019). Levantando muros, derribando mitos: La acción de las mujeres en la dirección y construcción de viviendas. En E. Jaime & C. Mansueto (Eds.), Espacio y género: Construcción social de los géneros en la ciudad injusta (pp. 74-89). FADU-Instituto de la Espacialidad Humana.

Sáez-Carreras, J. (2009). La intergeneracionalidad o la potencialidad de un concepto inexplorado. Revista Espai Social, (9), 1-15. https://www.gerontologia.org/portal/archivosUpload/uploadManual/La_intergeneracionalidad_Juan_Saez_Carreras.pdf

Sorondo, J. (2023). La educación emocional en el marco de las políticas neoliberales: Reflexiones teórico-epistemológicas a partir de un estudio exploratorio sobre discursos de educadoras/es en secundarias del AMBA. Education Policy Analysis Archives, 31(97), 1-26. https://doi.org/10.14507/epaa.31.7717

Stake, R. E. (1999). Investigación con estudio de casos. Ediciones Morata.

Stolkiner, A. & Ardila Gómez, S. (2012). Conceptualizando la salud mental en las prácticas: Consideraciones desde el pensamiento de la medicina social/salud colectiva latinoamericanas. Vertex. Revista Argentina de Psiquiatría, (23), 57-67. https://www.researchgate.net/publication/230643595

Tracy, S. (2021). Calidad cualitativa: Ocho pilares para una investigación cualitativa de calidad. Márgenes. Revista de Educación de la Universidad de Málaga, 2(2), 173-201. https://doi.org/10.24310/mgnmar.v2i2.10016

Valdés, X. & Rebolledo, L. (2015). Géneros, generaciones y lugares: Cambios en el medio rural de Chile Central. Polis. Revista Latinoamericana, (42), 1-22. https://journals.openedition.org/polis/11459

van Teijlingen, E. & Hundley, V. (2002). The importance of pilot studies. Nursing Standard, 16(40), 33-36. https://doi.org/10.7748/ns2002.06.16.40.33.c3214

Vasilachis, I., Ameigeiras, A., Chernobilsky, L., Giménez, V., Mallimaci, F., Mendizábal, N., Neiman, G., Quaranta, G. & Soneira, A. (2006). Estrategias de investigación cualitativa (I. Vasilachis, Ed.). Gedisa.

Recepción: 04 febrero 2025

Aprobación: 15 septiembre 2025

Publicación: 01 diciembre 2025



ediciones_y_fahce
Ediciones de la FaHCE utiliza Amelica Marcador XML, herramienta con tecnología XML-JATS4R de Redalyc
Proyecto académico sin fines de lucro desarrollado bajo la iniciativa Open Access