Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, vol. 15, núm. 1, e151, junio-noviembre 2025
ISSN 1853-7863
Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
IdIHCS (UNLP-CONICET). Centro Interdisciplinario de Metodología de las Ciencias Sociales.
Red Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales

Artículos

El proceso metodológico-técnico para aplicar Etnografías Críticas de Acción Participativa (ECAP)

Pablo Paño Yáñez
Universidad de Cuenca, Ecuador
Cita sugerida: Paño Yáñez, P. (2025). El proceso metodológico-técnico para aplicar Etnografías Críticas de Acción Participativa (ECAP). Revista Latinoamericana de Metodología de las Ciencias Sociales, 15(1), e151. https://doi.org/10.24215/18537863e151

Resumen: En un artículo recientemente publicado se planteó la propuesta denominada Etnografías Críticas de Acción Participativa. En ellas se analizaba la convergencia de dos propuestas metodológicas constituidas por la “Etnografía” y la “Investigación Acción Participativa”, especialmente desde puntos epistemológicos, sintetizadas en una nueva herramienta: las etnografías críticas de acción participativa (ECAP). En este documento la propuesta es otorgar la pauta para trabajar en profundidad el proceso metodológico y técnico para desarrollar una etnografía crítica de acción participativa en sus diferentes fases.

Palabras clave: ECAP, IAP, Etnografía.

The methodological-technical process for applying Critical Ethnographies of Participatory Action (CEPA)

Abstract: A recently published article introduced the concept of Critical Ethnographies of Participatory Action. It examined the convergence of two methodological proposals made up by Ethnography and Participatory Action Research, particularly from epistemological perspectives, synthesizing into a new tool: the Critical Ethnographies of Participatory Action (CEPAs). This paper intends to provide a guideline for in-depth work on the methodological and technical process to develop a Critical Ethnography of Participatory Action in its different phases.

Keywords: CEPA, PAR, Ethnography.

O processo técnico-metodológico para aplicar Etnografias Críticas de Ação Participativa (ECAP)

Resumo: Num artigo recentemente publicado, foi apresentada a proposta denominada Etnografias Críticas de Ação Participativa. Nele, foi analisada a convergência de duas propostas metodológicas constituídas pela “Etnografia” e pela “Pesquisa de Ação Participativa”, em especial do ponto de vista epistemológico, sintetizadas em uma nova ferramenta: as Etnografias Críticas de Ação Participativa (ECAP). Neste artigo, a proposta é fornecer a diretriz para trabalhar em profundidade no processo metodológico e técnico para desenvolver uma etnografia crítica da ação participativa nas suas diferentes fases.

Palavras-chave: ECAP, IAP, Etnografia.

Introducción

La propuesta metodológico-técnica de la ECAP se fundamenta en la potenciación actual a partir de la convergencia de epistemologías y lógicas entre la etnografía y la investigación acción participativa ante la confirmación fáctica de que ambas podían fortalecerse (y de hecho de forma implícita lo venían haciendo) mediante los aportes de la otra. Parte de las conclusiones apuntaban a una clara retroalimentación entre ambas, donde lo etnográfico denso y lo participativo construido colectivamente se fortalecían hacia procesos investigativos de acción aplicables a realidades inmersas en las coyunturas y estructuras actuales.

Se destacaba como conclusión que las ECAP se planteaban desde una epistemología fuerte con énfasis claros hacia procesos sociales innovadores e inclusivos. En ella se sistematizaban elementos como la integralidad, complejidad, reflexión-acción, procesualidad, contextualidad, visión de inclusividad múltiple, construcción de una intersubjetividad deliberativa, conformación de un nos-otros, ecología de saberes, historicidad y adaptación crítica al cambio tecnológico o la orientación desde criterios éticos colectivamente definidos, como una batería no negociable que fundamentaban este tipo de prácticas y sus para qué. Desde ella la creatividad de los actores sociales implicados en cada fase dispondrían de importante flexibilidad y experimentalidad técnica para construir el proceso. Este último aspecto es el que se enfatiza en este artículo hacia lograr la traducción técnico-metodológica de esa fundamentación epistemológica orientada hacia procesos que persiguen la generación y aporte a transformaciones sociales, especialmente desde ámbitos locales.

Bajo ese marco se pueden concretar los distintos objetivos, que se plantean para la técnica ECAP, a la vez en relación con los que se precisan para este documento en concreto orientado a su operativización. Respecto a la primera, las etnografías críticas de acción participativa en el marco de metodologías y herramientas que se basan en lo participativo se plantean concretamente:

Desde esos objetivos técnicos concretos respecto a las ECAP, para el presente documento se complementa con:

Con esa pregunta y objetivos conviene acotar los escenarios y contextos para los que las ECAP son planteadas y sugeridas para su realización. Ante sus premisas de sentido claras, tanto de que se trata de herramientas fundamentadas en la investigación acción, como que buscan generar autoconocimiento para los y las afectadas, se insiste en la idea de que permiten de forma especial abordar escenarios por una parte colectivos, y por el otro, vinculados al mundo de la vida (Kemmis y McTaggart, 2013).

Los procesos sociales que las ECAP junto a las metodologías participativas y la investigación acción participativa proponen, encuentran su clave en lo ciudadano y lo comunitario buscando en los sujetos sociales el motor y el protagonismo de esos procesos orientados hacia la intervención del conocimiento y capacidad de acción de ellos, sobre los ámbitos locales y supralocales como referencias de acción.

En tiempos de agudas crisis y de la mano de fenómenos de alta tecnocratización política y burocrática de la vida, la precarización de condiciones laborales y de vida, el diverso crecimiento de violencias sistémicas y sufrimiento social asociado, financiarización, así como procesos de agudo deterioro y conflicto socioambiental, apuntan a la necesidad de procesos de investigación y acción protagonizados por las comunidades y los sujetos que preserven y construyan condiciones de vida digna y sustentable de forma plural e inclusiva. Claramente estos últimos podrán ser útiles para la relación con los sistemas y estructuras instituidas (incluso para enfrentarlas), pero desde la lógica de la conservación, protección y/o reconstrucción de estos ante lógicas tecnocráticas e instrumentales dominantes. A partir de ahí conviene resaltar la segura heterogeneidad de los casos para los que pueden ser útiles, más allá de asumir desde su inicio su carácter irrepetible con importantes dosis de performatividad que irán determinando el proceso; ello teniendo en cuenta, además, la constelación siempre única y dinámica de relaciones entre actores de cada contexto y proceso, el devenir y las circunstancias contingentes particulares, así como los móviles y coyunturas necesariamente diversos que surgirán.

Las formas de concebir y abordar la realidad desde las distintas epistemologías y metodologías constituyen, más allá de afirmaciones históricas en pro de la objetividad, el rigor o la neutralidad, un campo de sentido en plena disputa. Qué conocimientos, sujetos, formas relevamos de cualquier realidad, cómo lo procesamos, cómo y qué se enfatiza y destaca como resultados e interpretaciones, no son, evidentemente, decisiones ni objetivas ni neutras. Desde ahí la explicitación para esta propuesta, tal cual otras, acerca de posicionamientos como aportar desde y para el mundo de la vida, con sectores y saberes sociales con bajo poder de reconocimiento, su énfasis en lo colectivo, o lo participativo hacia la acción social, constituyen opciones no funcionales a la mecánica sistémica predominante, en directo debate con otras que sí enfatizan la reproducción de esos sistemas. En ese sentido, se ubican en oposición y alternativa a metodologías y usos de la información y acciones sociales claramente vinculadas al funcionamiento sistémico e institucional que concibe la vida social y a sus sujetos en objetos de investigación y política.

Finalmente, antes de desplegar los procedimientos específicos conviene recordar los énfasis de lo etnográfico y lo participativo considerados como los pilares de la aplicación metodológico-técnica de las etnografías críticas de acción participativa.

Por una parte, desde lo etnográfico se pone en valor enfáticamente el trabajo de campo profundizando también en aspectos informales de la realidad social; para él se recurre a técnicas que denominamos como territoriales, tales como los transectos y derivas con lo que ellos encarnan expresado por los actores locales, así como la observación, sea participante o no, siempre fundamental para efectuar triangulaciones para procesos y análisis amplios. Todas ellas como profundamente contextuales, pormenorizadas, cotidianas para dar marcos densos y complejos de comprensión e intervención en los territorios. Como complemento de ese trabajo con énfasis en lo vivencial, lo participativo enfatiza lo procesual y, a la vez, su capacidad de construir conocimiento colectivamente orientado a la intervención de esa realidad diagnosticada. A ello se suma una amplia incorporación de nuevas técnicas producto del desarrollo de prácticas sociales innovativas, incluidas las relacionadas con las nuevas tecnologías; técnicas que profundizan en lo gráfico, lo audiovisual, lo territorial, lo escénico que, por lo demás, incursionan en ámbitos también emocionales de los sujetos y las dinámicas sociales. Esta conjunción de lo cotidiano y lo colectivo plantea la incursión activa en realidades actuales en la búsqueda orientada a la autogestión de problemáticas y deseos participadamente trabajados.

El desarrollo de esta aplicación técnico-metodológica de las ECAP se explica a continuación mediante dos entradas correlacionadas. Por una parte, mediante detallar las traducciones de los distintos fundamentos epistemológicos en herramientas técnicas y haceres diversos y concretos y, por la otra, un abordaje en sus distintas y sucesivas fases que permitan la consecución de sus objetivos como proceso social fundamentado en una amplia recogida de información y despliegue de actuaciones.

Tratándose de una propuesta nueva conviene aclarar que, como tal, constituye una sistematización operativa de cómo llevarla a cabo que abstrae y, por ello, no cita sujetos concretos, pues estos variarán en función de las experiencias y contextos en que se lleven adelante. Siempre es útil conocer la propuesta metodológica en sí, y pese al formato reducido que ofrece un medio de comunicación como una revista científica, ese es básicamente el objetivo de este documento. Como toda propuesta nueva requiere del diálogo entre su planteamiento teórico abstracto y experiencias prácticas previas que, aunque anteriores a la propuesta que se realiza —las ECAP—, es lo que permite sistematizarla y proponerla como herramienta. Para facilitar su comprensión y articularlo con un ejemplo básico que ejemplifique algunas de las propuestas técnicas planteadas, y debido a las limitadas posibilidades de extensión, en el texto se recurre básicamente a una única experiencia aplicada, cual fue la realización del presupuesto participativo en una universidad pública, en que se recurrió a la ECAP (Paño Yáñez et al., 2023; Paño Yáñez, 2023).

1.- Las directrices epistemológicas guían la construcción colectiva de un camino

En el artículo inicial de proposición de las etnografías críticas de acción participativa, junto con analizar las trayectorias y los elementos de convergencia entre la etnografía y la investigación acción participativa, se fundamentaban epistemológicamente las concepciones, para qué y desde dónde se plantea la comprensión e intento de intervención de estos procesos hacia la conformación de conocimiento útil hacia el cambio social. En ese documento se esquematizaban los componentes propiamente epistemológicos y su conexión con las lógicas y traducciones metodológico-técnicas que la hacen posible (Paño Yáñez, 2022, pp. 22 y 2023). Una serie de directrices conforman las pautas de sentido desde las que las ECAP encontraban sus razones de ser y utilidad. Su conjunción amplia dibuja el entramado de concepciones y sentido de hacia dónde y cómo avanzar. La concepción de la realidad social que intuye le permite plantear lógicas habitualmente distintas a las utilizadas tradicionalmente en la investigación e intervención social, ya que sus propósitos asumen una relación compleja con los marcos más funcionales de los sistemas instituidos. Asumen la relevancia e importante determinación de estos sobre la vida de las personas, pero buscan reconstruir escenarios precisamente desde una visión vivencial, cotidiana, con énfasis en el(los) mundo(s) de la vida, aunque sea en su interacción/conflicto con esos sistemas.

Resulta fundamental esta comprensión de las premisas epistemológicas para su correcta traducción técnica, que se abordará a continuación. Tal cual se consignó en el primer artículo (Paño Yáñez, 2022, p. 17), existe una controversia instalada respecto al uso de metodologías participativas respecto a si se pueden utilizar solamente como recurso técnico, así como hasta qué punto pueden prescindir de las directrices epistemológicas sin desvirtuar los objetivos con las que se plantearon. Por tanto, la explicitación de esas premisas constituye la forma de garantizar el sentido con el que se escojan y utilicen las herramientas técnico-metodológicas. Ellas son fundamentalmente expresiones operativas que responden a unos sentidos definidos de concebir la realidad social y sus posibilidades de intervención en ella (Paño Yáñez, 2023).

De las directrices señaladas en el artículo anterior se puede realizar una cierta diferenciación entre una mitad más de concepción de la realidad social, y una segunda, en algún sentido, más operativa hacia la consumación del proceso investigativo y de acción social; ambos en estrecha interrelación.

En la siguiente tabla se detallan los aspectos centrales de cada uno de la mano de sus traducciones técnicas. Conviene recalcar que la totalidad de esas aplicaciones metodológico-técnicas han sido utilizadas en numerosos procesos investigativo-participativos que, sin embargo, no pueden ser detallados aquí por motivos de extensión (como referencias véase Ganuza et al., 2011; Allegretti et al.-, 2011). Sin duda, lo técnico-metodológico puede ser reflejo de más de una premisa epistemológica o especialmente de la combinación de varias de estas, aunque aparece esquematizado en aquella con mayor énfasis.

Tabla 1
Fundamentos epistemológicos de las ECAP y sus correspondientes traducciones metodológico-técnicas

Fundamentos Epistemológicos de ECAP

Traducciones Metológico-Técnicas


Complejidad - Holismo -Integralidad

Cruce de técnicas para la captación de las distintas informaciones, dimensiones y planos: hechos más objetivables (cuantitativos), aspectos discursivos (cualitativos) y procesos motivacionales (técnicas participativas).

Pluralismo metodológico. Articulación de diversos tipos y fuentes de conocimiento.

Trabajo de campo. Registro. Observación ampliada, participante o no. Cuaderno de campo colectivo. Conversación formal e informal.

Reflexión - Acción

Taller participativo como meta-técnica de reflexión-acción.

Programaciones y planificaciones participativas.


Ecología y diálogo de saberes

Búsqueda de pluralidad de discursos y posiciones para diagnósticos conformados con todo tipo de conocimientos.

Creación y reconocimiento de mecanismos y recursos orales, comunicativos, gráficos, artísticos, audiovisuales, escénicos, autorías colectivas y cualquiera que aporte a la construcción.


Co-implicación afectadxs

Investigador/a en rol de facilitador/a que actúa como afectado/a.

Grupos motores; Conjuntos de acción;

Programación colectiva necesariamente con responsables locales en toma de decisiones.

Rotaciones.


Construcción de un nosotros

Condición EMTIC.

Devoluciones múltiples.

Generación de autoconocimiento y autoformación.

Ejecución de planes participativos de acción.

Intersubjetividad mediante deliberación

Talleres participativos con inclusión de técnicas y espacios de debate, reflexión y deliberación.

Tetralemas. Flujogramas. Escenarios de futuro.


Orientaciones éticas inclusivas, sustentables, comunitarias

Talleres participativos de construcción democrática de criterios. Escenarios de futuro.

Construcción de criterios e indicadores de inclusión, pluralidad, sustentabilidad en los procesos de programación participativa.

Construcción colectiva de decálogos orientadores.


Contextualidad

Transectos; Derivas;

Mapas locales; Cartografías comunitarias; Mapeos colectivos.

Construcción participada de Historia colectiva.


Procesualidad

Construcción de procesos sociales.

Talleres participativos progresivos de Diagnóstico, Proposición, Programación, Evaluación, Seguimiento. Sistematización.


Historicidad-diacronía

Uso de analizadores y dispositivos históricos para trabajo colectivo.

Historias de vida individuales y colectivas.

Líneas del tiempo.

Relacionalidad - redes de acción

Sociogramas. Conjuntos de acción.

Análisis y promoción de redes.

Adopción crítica de lo tecnológico

Entrevistas y talleres de trabajo participativo virtual.

Etnografías digitales.

Tras explicitar el vínculo, a continuación, se detallan una a una las directrices y sus correspondientes traducciones metodológico-técnicas.

Complejidad - Holismo - Integralidad. Cuando el propio devenir científico ha terminado admitiendo la incertidumbre como abandono de la posibilidad de certezas, garantías ni control pleno de la realidad, la visión sobre cualquier escenario social con su dinamismo, multicausalidad, intersubjetividad, interdefinición, densidad, entre otras, confirman la imprescindibilidad de la complejidad como premisa fundamental. Desde ella la visión holística integral que trata de integrar distintos planos y dimensiones, que asume la interacción constante entre ellos marca también este tipo de procesos investigativos de acción. Las implicaciones y traducciones metodológicas de esta perspectiva compleja son múltiples a lo largo del proceso. De entrada, acoge la idea del pluralismo metodológico que en la propuesta ECAP trabaja con múltiples fuentes y técnicas, encontrando en ello un sinónimo de pluralidad y diversidad de informaciones y registros que supera la monovisión (enfoque único). Dejando atrás el estéril debate entre lo cuantitativo y cualitativo de la información sobre la realidad social, apuesta por complementarlas como partes diferentes explicativas de esa realidad compleja. También en esa línea de captar densa y lo más integralmente posible esa realidad vivida, va el trabajo de campo continuo que quiere captar tanto lo más instituido como lo instituyente y cotidiano; en su interior el registro de todo lo que nos llama la atención (se propone incluso la modalidad del cuaderno de campo colectivo), la observación participante o no en sus diferentes grados y modalidades.

Reflexión - Acción. Este binomio que revolucionó la investigación tradicional dotándola del componente de la movilización que los seres humanos siempre portamos, constituye otro núcleo fundamental en el que se inscriben cada vez más métodos, especialmente con énfasis en lo participativo. Este vínculo estrecho marca el carácter indispensable de recabar la información de forma diversa, interpretarla contextualizada y participadamente para orientarla a actuaciones que intervengan desde sus actores sobre el escenario.

Metodológicamente la traducción principal de este elemento central se refleja en el taller participativo como metatécnica principal también para los procesos ECAP. En su interior acogerá múltiples técnicas según los objetivos del momento del proceso, que van desde los pautados de diagnóstico, priorización, planificación, proposición, toma de decisiones, evaluación u otros más precisos que, por lo demás, pueden ser específicamente creados para el contexto situacional, relacional y los objetivos concretos. Los talleres participativos encarnan, como pocos, espacios de análisis y creación social con carácter público-político, en que la generación de conocimiento, la reflexión sobre él y su aplicación a la realidad se articulan de forma fluida.

Ecología - diálogo de saberes. Precisamente la concepción compleja de la realidad de la mano del reconocimiento de la multiplicidad de saberes (Santos, 2009) aportan a una visión integral que reconoce todo tipo de conocimientos. Villasante (2014) se refiere a experticias vivenciales, temáticas, metodológicas que, por lo demás, no aparecen jerarquizadas bajo el patrón cientificista que minimiza saberes ciudadanos, cotidianos, no escritos, etc. (Villasante, 2006). La incompletitud de cualquier saber, incluido el científico, acoge el cruce de ellos como la estrategia de recomponer de la manera más amplia la comprensión de una realidad social concreta.

Diálogo-ecología como planteamientos horizontales de reconocimiento explícito donde, por tanto, ante el desigual escenario actual, propone la puesta en valor de esos saberes no reconocidos asociados a sujetos y colectivos con menos o sin voz de nuestras realidades (campesinos, femeninos, indígenas, migrantes, marginales, personas, minorías y mayorías invisibilizadas de cualquier tipo) (Villasante, 2014). Metodológicamente este énfasis se traduce en una postura explícita de ir a buscar esos actores, saberes y discursos múltiples para los procesos, en relevar esos conocimientos múltiples, en superar el saber escrito como el único frente al oral u otros. Composición múltiple de los diagnósticos y autodiagnósticos de las realidades tratadas que, aunque de forma abierta que no se puede cerrar, identifican la pluralidad irreductible de conocimientos y vivencias sobre una realidad y las vías para intervenir en ella (Santos, 2009).

Co-implicación de afectadxs. Este apartado y el próximo tienen directamente que ver con los sujetos de los procesos. Existe un cambio fundamental en este sentido respecto a la investigación tradicional cual es el planteamiento de la condición sujeto-sujeto superadora de aquella en que las personas investigadas son tratadas como objetos de información. De la mano de una nueva concepción se abandona esa instrumentalización, aunque no resulta sencillo que, pese a esta concepción, los investigadorxs abandonen plenamente el rol de poder que les confiere esa condición para tomar diferentes decisiones a lo largo del proceso. En la medida en que buscan cambio social, la transformación real de roles y relaciones de poder debe iniciarse en el seno del proceso. En el sentido contrario, el planteamiento es promover el papel activo de lxs afectadxs que deben ser incorporados como sujetos que desde sus condiciones y capacidades deben protagonizar el proceso. Así, tal cual se reduce el rol y poder del investigador/a al de solo expertx metodológico, se trabaja en la dirección de igualar el reconocimiento y capacidad de intervención de lxs expertxs vivenciales y convivenciales de los territorios en que se trabaja. En su operativización metodológica y técnica la concreción de esta premisa se manifiesta en elementos como la conformación desde un inicio de grupos motores de personas protagónicas vivencialmente del escenario tratado y que compartirán las decisiones y proceso con los que aporten en mayor medida la metodología; en el mismo sentido la conformación de conjuntos de acción y redes de sujetos que protagonicen el proceso. En momentos ya próximos a iniciar la ejecución de las acciones en la definición colectiva de la programación, estas necesariamente habrán de contar de forma protagónica con responsables locales en las diferentes instancias.

Creación de un nos-otros. Junto a la señalada anteriormente redistribución de roles y poder, esta premisa se remite a que el proceso apunte hacia una visión horizontal de las vivencias del proceso en el marco social. De la mano de un conocimiento creado para actuar sobre la realidad, aparece el por quiénes y para quiénes de estos procesos. Ante las situaciones críticas que se suceden, con diferente énfasis, cuales son las ecológicas, agudización de violencias, sufrimientos y desigualdades diversas, las ECAP, mucho más allá de los roles formales, se plantean el vínculo desde lo horizontal que nos confiere ser personas/ciudadanxs de este contexto actual (Garcés, 2013). Debilitando la idea de las identidades fuertes que conforman nosotrxs que pueden llegar a ser excluyentes, apuesta por alianzas en las que los actuantes se sienten interpelados como pares. El juego entre el nos y el otrxs apunta al debilitamiento de la categoría de otrxs diferentes y lejanos mediante alianzas en la diversidad presididas por objetivos comunes hacia la búsqueda colectiva de mejoras. Esta premisa se enlaza de pleno con la de Fals Borda (en Herrera et al., 2012) de búsqueda en los procesos participativos de generación de autoconocimiento y autoformación para y desde lxs afectadxs que se confirma como una acción metodológica fundamental; actores sociales que reflexionan y actúan desde su propia generación múltiple de conocimiento y estrategias. Otro elemento imprescindible para posibilitar esa construcción y proyección común es la práctica sistemática de devoluciones a lo largo del proceso en que la información es compartida, discutida, retroalimentada (Herrera y López, 2012). Otra expresión es la mencionada condición EMTIC1 (Valenzuela-Arce, 2020) que desdibuja esas fronteras investigadorx/investigadx en la conformación de visiones conjuntas. Asimismo, la ejecución de los planes participativos de acción debe, ya desde su definición colectiva, ser construido en esa lógica, tal cual lo presida en su ejecución. Finalmente, como otro elemento técnico para los procesos de cogestión afloran las rotaciones de sujetos en los distintos roles responsables en los momentos activos del proceso en la búsqueda de compartir responsabilidades y huir de las especializaciones burocráticas (Paño Yáñez, 2023).

Intersubjetividad común mediante deliberación. Junto con reconocer los distintos planos de la realidad, además de la potencialidad explicativa de combinarlos, la dimensión cualitativa cobra especial énfasis con las ECAP, especialmente de la mano del trabajo de la idea de subjetividad y construcción de intersubjetividad. Ella aparece mediante potenciar las prácticas deliberativas de debate, puesta en común, discusión en el trabajo de conocer disensos y consensos. Junto con reivindicar la vivencia particular se apunta a la construcción de una intersubjetividad acordada que permita las actuaciones conjuntas. Nuevamente la gran expresión técnica para lograrlo pasa por los talleres participativos y distintas técnicas en su interior que permiten esas construcciones colectivas que suman pluralidad de pareceres, vivencias y posicionamientos. Técnicas constructivas precisas en su interior como los flujogramas, sociogramas, tetralemas, escenarios de futuro, entre tantas, permiten tanto la emergencia de la heterogeneidad de vivencias como los espacios para llegar a acuerdos mediante diálogos en que se vele por la expresión democrática.

Orientaciones éticas inclusivas, sustentables, comunitarias. En directa relación con la agudización de escenarios críticos en términos socioecológicos de la mano de la determinación creciente que ejercen los sistemas de dominación sobre lxs individuos, una orientación relacionada con su mitigación, superación local en directa relación con trabajar el predominio del mundo de la vida sobre esos contextos, presiden también los procesos ECAP. Criterios en torno a planteamientos alternativos a esos sistemas de dominación contextualizados y reflexionados resultan de utilidad (antipatriarcales, anticapitalistas, decoloniales y ecológicos). Emerge aquí un enfoque interseccional en el trato de los sujetos que desde una visión compleja integre a las personas desde el análisis de los ejes de desigualdad en que se mueven socialmente (Paño Yáñez, 2022). Junto con lo participativo en genérico, aquí metodológicamente cobra mucho sentido la construcción colectiva de criterios que orienten los programas y cogestiones participadas que se construyan y ejecuten. Técnicas concretas como los escenarios de futuro, que permiten visualizar hacia dónde avanzar y hacia dónde no hacerlo, son ejemplos claros que técnicamente ayudarán a este proceso. Algo similar en fases más avanzadas de construcción de criterios e indicadores de inclusión, pluralidad, sustentabilidad en los procesos de programación participativa. Productos concretos de esta práctica son la construcción colectiva de decálogos orientadores o de criterios que guíen la evaluación de propuestas participativas en ejemplos como ciertos procesos de presupuestos participativos u otras políticas de democracia participativa, tal cual la que se ejemplifica en este documento.

Contextualidad. Lejanos a pensar la realidad social con posibles leyes generales y menos aún universales, las ECAP como lógica de las etnografías en general, depositan en cada contexto y contingencia las claves explicativas de cada proceso y territorio. El ámbito principalmente local de las ECAP debido a su búsqueda de convertirse en proceso social que profundiza sobre esa realidad se vincula a este elemento de contextualidad profunda o contextualismo radical (Mattelart y Neveu, 2004), que en términos tanto relacionales, como de los sujetos, coyunturas políticas, climáticas, medioambientales, ideológicas, además con habituales influencias desde campos más globales y globalizados, determinarán escenarios únicos e irrepetibles que habrán de ser analizados y reconstruidos en cada acercamiento presente. Buscando las relaciones con los sistemas macro que determinan parcialmente las experiencias micro, a la vez desde lo contextual se buscarán tanto las expresiones locales de aquello como, a su vez, las alternativas concretas hacia su mitigación/superación. Metodológicamente son también múltiples las expresiones que captan los contextos y contingencias. Los transectos y/o derivas, entendidos como recorridos guiados y contextuales por los territorios con lxs protagonistas vivenciales en visiones diacrónicas sobre el espacio y su memoria son, entre otras, herramientas altamente útiles hacia comprender y reflexionar los contextos locales. En talleres participativos trabajar sobre mapas locales, cartografías (Iconoclasistas, 2013), escenificaciones de los contextos son otras, entre muchas, de corte tanto escrito-orales, como también gráficas, audiovisuales, teatrales.

Procesualidad. El propio enfoque de investigación-acción introduce de pleno alcances que van mucho más allá de unos resultados concretos. Tal cual estos pueden explicitarse y lograrse como datos en el diagnóstico, o metas en la planificación, la idea de promover un proceso social como objetivo en sí mismo presidirá todo el transcurso. Ese énfasis en lo procesual como amplio y extendido en el tiempo, explica lo que se señala habitualmente desde las MP2: sabemos dónde se inicia, pero no dónde y cómo termina, pues como proceso abierto se hace potencialmente imprevisible. Superando la lógica de una intervención investigativa cerrada, su orientación hacia la acción de lxs implicadxs se abre hacia un transcurso social que pueden tener múltiples e incalculables implicaciones y efectos en la vida social. La traducción metodológica más clara de esta premisa se manifiesta en la sucesión de fases (diagnóstico, priorización, planificación, cogestión, evaluación) que incluso a modo de espiral sin fin se van sucediendo de ese proceso.

Historicidad-Diacronía. En interrelación con lo procesual, el componente extendido en el tiempo desde el pasado y proyectado a futuro aporta también claves de sentido fundamentales a los procesos de investigación-acción mediante ECAP. Los significados históricos que los sujetos otorguen a diferentes aspectos y dimensiones de la realidad que se analiza y pretende intervenir constituyen pues claves imprescindibles. Por tanto, pese a su fuerte énfasis en lo presente y presencial proyectado hacia mejoras próximas, la perspectiva histórica, diacrónica e incluso comparativa entre períodos se hace central. Técnicamente se manifiesta en elementos como el trabajo con historias o relatos de vida individuales o grupales (Bertaux, 2005, construcciones colectivas de líneas del tiempo en talleres participativos, utilización de analizadores históricos como dispositivos para provocar la reflexión basadas en la memoria colectiva local, revisión de materiales diversos del pasado del grupo / comunidad / institución, o incluso la sistematización de las experiencias; todas ellas se apuntan en esa visión del transcurso como explicativo de situaciones presentes.

Relacionalidad–redes de acción. En pleno debate acerca de las identidades fuertes, débiles o las identificaciones debido a sus dificultades como conceptos organizadores, el énfasis en las relaciones, más que en otros elementos, constituye otra clave. Villasante, entre otros, enfatizará en que los aspectos a construir y reconstruir son precisamente las relaciones entre actores, mucho más que sus ideologías o identidades. En relación con esto, se propone trabajar sobre las relaciones y movilizar redes que en cada escenario se visualicen. El sociograma o mapa social constituye la herramienta principal que, construida en talleres abiertos, o de forma más restringida a lo largo del proceso de investigación-acción, permita visualizar los movimientos de esos sujetos, relaciones (afines, conflictivas u otras) y redes hacia la conformación grupos de acción. A su vez, su aporte para ubicar los posicionamientos de los distintos actores en el escenario en debate servirá como muestra posicional que oriente la interpretación de las redes. Su sucesión realizada a lo largo del proceso ayudará a visualizar la conformación o reconstrucción de relaciones y redes en el trayecto del plan. Son los denominados como conjuntos de acción entendidos como colectivos que actúan de forma concreta en el escenario que se moviliza (Ganuza et al., 2011).

Adopción crítica de lo tecnológico. Como aspecto cada vez más determinante de los contextos actuales en sociedades cada vez más sociotécnicas (Lash, 2003), las ECAP también reflexionan sobre los usos e impactos de ellas en la vida cotidiana y, a la vez, en estos procesos de investigación-acción que proponen. De hecho, constituyen parte del debate señalado entre la penetración de los sistemas de dominación en el mundo de la vida y cómo, metodologías como las ECAP, pueden constituir mecanismos de preservar la última acogiendo elementos utilizados desde ellas para el uso de esos mundos de vida local. Plantean una visión crítica de ellas en el sentido de identificar sus usos no democráticos ni inclusivos (control-vigilancia, manejo y mercantilización de información privada, dependencias y patologías de su uso, entre otras) para, por el contrario, promover otros hacia la utilidad colectiva, la capacidad de generar herramientas para la comunidad, así como la acogida de usos alternativos ante su alto potencialidad de manejo y cruce de comunicaciones, información y conocimiento. La realización de etnografías virtuales (Ruiz y Aguirre, 2014), reuniones virtuales o analizadores tecnológicos afines a los objetivos de la comunidad del proceso, son algunos usos técnico-metodológicos recomendables desde las ECAP. Asimismo, la digitalización del proceso, su ayuda para la sistematización, trabajo en grupos, etc., constituyen todas posibilidades técnicas válidas, siempre con el trasfondo de que los usos virtuales en ningún caso pueden sustituir ni inhibir los encuentros y acciones presenciales del proceso social que se propone.

2.- Fases para la realización de ECAP

Especificada la relación entre los pilares epistemológicos de las etnografías críticas de acción participativa y las posibilidades de herramientas técnico-metodológicas que los traducen y hacen posible, el presente punto pretende ordenar las fases genéricas del proceso de investigación-acción propuesto. En ese sentido, el apartado despliega la aplicación del procedimiento técnico para realizar una ECAP mediante 4 fases estrechamente ligadas pero diferenciadas: i) Trabajo etnográfico-participativo en campo, ii) Construcción participada de un plan de acción, iii) Cogestión participativa del plan de acción social, y finalmente, iv) Evaluación y sistematización participativas. En atención al proceso que todo método basado en la investigación de acción-participativa debe buscar, estas fases avanzan desde un diagnóstico/autodiagnóstico inicial hasta la elaboración de un plan de actuación, su ejecución, para incorporar en la fase final, elementos participativos de evaluación y sistematización. En cada uno de ellos se aprecia la combinación de criterios etnográficos junto a los de metodologías participativas buscando síntesis creativas que potencien sus capacidades. Aún en su proceso de fases que se suceden, se debe destacar también su carácter cíclico que permitiera, tras la evaluación y sistematización, reiniciar el proceso en base a la experiencia acumulada. La capacidad de propuestas metodológicas como las ECAP, basadas en investigación-acción de implicar a lxs afectadxs en un proceso vivo del que son protagonistas, permite señalar su potencialidad para dejar instalada en la comunidad que desarrolla el proceso unas capacidades organizativas que perfectamente permitan una continuidad del proceso una vez se cumplan esas 4 fases. La lógica en espiral grafica esa posibilidad de continuidad, más allá de que a futuro puedan variar los campos y temas de acción.

Como pauta procesual observamos que la fase inicial constituye con claridad aquella con mayor énfasis técnico-investigativa con gran despliegue de técnicas de recogida de información en los diferentes planos, así como, a la vez, inicio de la acción. La segunda resulta puente para traducir el diagnóstico a acciones concretas. Desde este en adelante el proceso avanza hacia su conformación más social, apoyándose fundamentalmente en la meta-técnica del taller participativo (con múltiples técnicas específicas en su interior), así como en espacios asamblearios de cogestión y toma de decisiones. En la etapa final, aunque puede también aparecer en las fases anteriores, la evaluación y sistematización que no necesariamente implican el cierre del proceso, sino que, por el contrario, abren la posibilidad de una reapertura ya en otro punto de profundización del proceso y el estado de sus sujetos y redes.

El vínculo estrecho entre lo investigativo y la acción-ejecución que el proceso busca en base a sus fundamentos epistemológico-metodológicos aparecen, sin embargo, hasta cierto punto diferenciados en esta relación detallada de fases. El diagnóstico, aunque inicia la acción, es profundo y riguroso en cuanto a la recogida múltiple de información, aspecto que, ya en gran medida cubierto en esta fase, inevitablemente pierde intensidad en las siguientes centradas en diseñar y realizar las acciones ya propias del proceso social que se pone en marcha desde ese diagnóstico participativo. Con ello lo etnográfico tiene mucha presencia en esa primera fase, aunque las formas que trae consigo, cuales son especialmente el trabajo de y en campo, o elementos como la observación o las conversaciones informales, estén a lo largo de todo el proceso, incluida la ejecución. Junto a su caracterización, de cada fase se determinarán sus objetivos, pregunta(s), sujetos (con y para quienes se realiza), los tipos de información y acción requeridas, las técnicas, así como también sus productos.

2.1.- Trabajo etnográfico-participativo en campo

Muy a modo del trabajo de campo integral que desarrollaban lxs etnógrafxs tradicionales, esta fase inicial se centra en la búsqueda y recogida más amplia y plural posible, aunque sumándole varios nuevos planos y dimensiones a aquella. La etnografía densa que acotó C. Geertz (1990) aparece aquí resignificada tanto por las nuevas técnicas, fuentes y planos a incorporar, como también por orientarla hacia lo participativo y la acción. Por tanto, nos situamos ante unxs etnógrafxs que se redefinen hacia facilitar el inicio del proceso de investigación-acción y, por tanto, ni mucho menos solo al registro. En ese sentido, la observación, participante o no, en sus diferentes grados y facetas mantendrán su alta relevancia y formas, pero ahora desde una dimensión grupal donde “muchos observan lo que ocurre y nos ocurre”. Los/as investigadores/as como promotores iniciales, sumados al grupo motor abierto siempre a la incorporación de nuevos miembros, recogerán mediante algunas de las técnicas señaladas, diversa información relevante (de la vida cotidiana o no) para el proceso. Realizar cartografías o historias de vida colectiva, recogida y toma de información gráfica o fotográfica pasada y presente, recorrer el territorio con la población participante mediante derivas o transectos, los diálogos informales o las entrevistas formales, entre otras muchas que se describen en el gráfico 1, cumplen esa tarea etnográfica de recopilación informativa y, a la vez, como insumos claves para la construcción colectiva del proceso, ya no desde un único especialista etnográfico externo, sino desde un grupo que hace trabajo etnográfico de su propio espacio o campo.

En su visión de integralidad esta fase inicial pondrá en marcha buscar sistemáticamente trabajar los tres grandes planos de la realidad social: lo medible de corte más cuantitativo, lo perceptible de tipo cualitativo y los elementos de movilización de tipo participativo que, por lo demás, se pueden recoger en registros múltiples, no solo escritos. Encuestas, entrevistas de diverso tipo, incluidos grupos focales, así como primeros talleres participativos de diagnóstico con múltiples técnicas posibles como sociograma, historias grupales, líneas de tiempo, FODAS, además de transectos/derivas por el territorio con los actores locales van dando cuenta pluralmente de ese escenario inicial que inicia su movilización. En ese debate y relación compleja que plantean las ECAP entre lo instituido y lo instituyente, interesará tanto lo más formal-formalizado como lo informal que se exprese en los contextos sociales. Previamente también se habrá recurrido a las diversas fuentes documentales desde las más formales (marcos legales, papers, libros, informes, estadísticas, registros hemerográficos…) a las más informales (fotos, boletines, videos, murales, arte urbano, pasquines, grafittis…).

Tal cual en las ECAP en general, se aprecia cómo en esta fase los énfasis etnográfico-cualitativo-participativo presiden el trabajo de campo para conformar el diagnóstico – autodiagnóstico. El primero en un trabajo de campo múltiple (respecto a los tipos de escenarios y eventos que se observen y registren, los tiempos, colectivos, facetas del territorio analizado), lo cualitativo respecto a una construcción detallada de los discursos temáticos y posicionamientos de los distintos actores sociales que intervienen, así como, desde esta fase inicial, también lo participativo mediante, especialmente, la conformación del grupo motor ciudadano diverso, además de la puesta en marcha de los primeros talleres participativos recurriendo a técnicas de diagnóstico (FODAS, árbol de problemas, sociogramas iniciales…).

Al explicitar los puntos que sintetizan esta fase, señalamos como pregunta transversal ¿qué aspectos de diverso tipo (temáticos, relacionales, estadísticos, territoriales, históricos, proposicionales, entre otros) que resultan explicativos para la comunidad afectada se pueden relevar participativamente como escenario de partida para un proceso de búsqueda de cambio y mejora? En directa relación, el objetivo genérico de esta fase es: elaborar mediante proceso de campo de recogida plural de información un diagnóstico participativo múltiple que sirva como escenario acordado inicial de un proceso de acción hacia la mejora.

La lógica participativa marca que como sujeto compuesto de esta fase situemos a la comunidad afectada en genérico, de la cual destacará aquella que el proceso logre movilizar inicialmente en diverso grado hacia la búsqueda de cambios de mejora. Los vínculos pueden ser a través de conformar el grupo motor que se suma al de investigadorxs (habitualmente externos) en llevar adelante inicialmente el proceso, en calidad de informantes y/o de participantes de los distintos talleres, recorridos, etc. El énfasis de con los actores locales y para ellos recalca el factor de generación de autoconocimiento, es decir, el diagnóstico participativamente construido es creado y persigue ser útil especialmente para los sujetos locales protagonistas del proceso, incluido para la negociación con agentes/instituciones/sistemas externos.

Especialmente en esta fase de campo participativo los tipos de información son múltiples, aspirando a componer una visión plural y compuesta que dé cuenta de un escenario común compartido sobre el que iniciar el posterior plan de acción y su ejecución de las fases posteriores.

Gráfico 1
Los diversos planos y entradas para la elaboración del diagnóstico participativo

Los diversos planos y entradas para la elaboración del diagnóstico participativo
Los insumos múltiples para el diagnóstico participativo en las ECAP

Tal cual refleja el gráfico, son múltiples los planos que con diferentes matices se aspira a articular; en concreto, al menos, 7 tipos de información asociados a técnicas concretas: documental (secundaria diversa), etnográfica (registro, observación, convivencial), cuantitativa (de primera o segunda mano), discursiva (entrevistas diversas, grupos de discusión, historias de vida personales y comunitarias), relacional-reticular (sociograma), territorial (transecto-deriva), gráfica-audiovisual-escénica, entre otras. Como técnica vemos ya en la última parte de esta fase la puesta en práctica de talleres participativos de diagnóstico, de mapas sociales y otros ajustados al contexto que se analiza e interviene. Articular la amplísima información que deriva de esta fase en procesos interpretativos y reflexivos, especialmente de tipo colectivo, constituye el reto final para, mediante devolución, promover la retroalimentación que derive en un diagnóstico que busca que la comunidad participante se apropie, a la vez que constituye el punto de partida para las fases posteriores más orientadas hacia la acción.

En cuanto a los productos de esta fase, se observa el diagnóstico participativo como el resultado por excelencia que, posteriormente mediante un proceso de devolución para su retroalimentación y la apropiación colectiva de toda la comunidad participante, se tratará de convertir en autodiagnóstico. Es decir, las diferentes fuentes y prácticas habrían de arrojar un diagnóstico complejo con múltiples planos de comprensión y proyección del escenario presente. Un diagnóstico que de forma específica incluye otros productos parciales como: mapas sociales sobre relaciones y redes, análisis temático de los aspectos manifestados sobre la problemática/contexto analizado, así como marcos de posicionamientos ante los campos en disputa tratados, que tratan de sintetizar de forma amplia y compleja el escenario que se aborda para orientar las acciones futuras a construir sobre él.

Gráfico 2
Síntesis elementos clave Fase 1 Trabajo etnográfico-participativo en campo

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Muy sintéticamente, y a modo de ejemplo, la aplicación de este tipo de diagnóstico en la implementación del PPvo de la Universidad de Cuenca, permitió la recopilación de información diversa ya previamente a su primera edición como, a la vez, durante su primer año. Datos documentales como informes, observación de las instalaciones y dinámica organizativa y social de las facultades, al inicio, así como durante entrevistas, conversaciones informales, observación participante y no participante, recorridos por los campus y edificios, así como las propias asambleas de proposición y votación, otorgaron muy valiosa información que permitió el planteamiento y desarrollo del proceso social, a la vez que datos para su mejora posterior.

2.2.- Construcción participada de un plan de acción

Una vez que el diagnóstico inicial ha sido retroalimentado mediante talleres participativos de devolución que permitan una apropiación ampliada de él para el grupo de personas afectadas y a nuevos sectores, se inicia el camino hacia definir el plan que se quiere ejecutar a partir de esos resultados. Sin abandonar nunca el campo, esta fase se basa especialmente en la construcción colectiva de una planificación que posibilite las acciones que respondan a las problemáticas detectadas y priorizadas, así como la definición organizativa que permita esas actuaciones. El campo se centrará en continuar el trabajo relacional que permita el desarrollo de redes que primero elaboren y, posteriormente, ejecuten dicho plan; para ello, el trabajo principal se realizará mediante talleres participativos que den como resultado elementos concretos como: la construcción de criterios y escenarios, la definición de las actuaciones, la determinación de las formas de funcionamiento interno y, finalmente, la definición y articulación de los recursos necesarios para la implementación de ese plan. Diferenciamos, pues, dos momentos al interior de la fase que responden a la preparación para la elaboración del plan y, en segundo lugar, propiamente esa construcción.

Detallando las particularidades de esta fase de creación del plan de acción encontramos como objetivo principal lograr la traducción del diagnóstico retroalimentado en acciones específicas de actividades, así como establecer un modo organizativo para la ejecución, además de la definición y búsqueda de los recursos necesarios. Estos en torno a una pregunta fundamental de la fase: ¿cómo construir un plan de actuación participado viable que dé cuenta de actividades apropiadas a las necesidades del diagnóstico, a su vez apoyado en un mecanismo democrático de toma de decisiones y que cuente con los recursos necesarios?

Ante la pregunta de con y para quienes protagonizan esta fase de elaboración del plan, señalamos que se construye con y para quienes formen ese entramado que como red se logre activar para este proceso. No obstante, el objetivo constante al respecto es ampliarlo al mayor número de afectadxs posible en un proceso constante de expansión que, aunque con diferente grado y momentos de implicación, sume constantemente a nuevas personas diversas. La difusión, especialmente boca a boca, la invitación a ser parte de estos espacios que se realizan de forma abierta, son mecanismos comunicacionales y cotidianos efectivos para este punto.

El tipo de información y acción relacionados con esta fase guardan una estrecha relación: se generará información de primera mano en forma de propuestas de actividades, la definición de mecanismos de funcionamiento democrático, así como la visualización y obtención de los recursos necesarios (capacidades, responsables, materiales, espacios, tiempos, permisos, monetarios, entre otros); se trata, por tanto, de información, datos, conocimiento estrechamente ligado al inicio de la acción.

Respecto a las técnicas concretas, vemos que junto al taller participativo como metatécnica en su interior son especialmente útiles algunas como: escenarios de futuro, flujogramas, talleres de proposición y definición de actividades, talleres para definir la organización interna, técnicas para identificar los recursos, responsables y su gestión interna.

El propio plan de acción diferenciado en esos ámbitos de programa de actividades (incluso cronogramadas y detalladas respecto a responsables y recursos), mecanismos definidos de funcionamiento y toma de decisiones, así como el inventario de recursos necesarios y su gestión, son los productos concretos pero articulados que deben resultar de esta fase.

Gráfico 3
Síntesis elementos Fase 2 Construcción participada de un plan de acción

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Una política como un presupuesto participativo implementado en una institución pública de educación superior (UCU) ha permitido el campo de desarrollo metodológico de la propuesta ECAP. En esta fase, observamos cómo el proceso permitió la construcción de la planificación asumida al año siguiente a nivel institucional. Los resultados de las votaciones más la aplicación de criterios de bien común, dejó servidos los proyectos en los que al año siguiente se debían realizar las inversiones, a la vez que el proceso participativo para volver a construir nuevas propuestas y que estas fueran nuevamente votadas. Esta planificación a partir de los resultados del proceso participativo de esta política se viene ejecutando en 2024, siendo a la vez supervisado por toda la comunidad universitaria que fue partícipe y/o afectada por y en el proceso.

2.3.- Cogestión participativa del plan de acción social

Esta fase, que también recurre a lógicas tanto etnográficas como participativas, corresponde a la real implementación de lo planificado en el plan participativo elaborado en la fase anterior, de modo que permitan la traducción en el territorio y con lxs actores implicadxs de las acciones construidas. Traducido en ejecuciones, sean ciudadanas y/o institucionales, corresponde a procesos de actuación y profundización de las ideas y medidas elaboradas en las dos fases anteriores. Se enfatizan las ideas de cogestión y corresponsabilidad como elementos centrales que presiden la elaboración de esta etapa. Se trata de comprobar hasta qué punto las tareas de diagnosticar y planificar participativamente son realmente traducidas en actuaciones directas múltiples, además con el objetivo de que sea cogestionado de formas democráticas.

Su carácter principal de aplicación de las decisiones tomadas en el proceso investigativo de diagnóstico/autodiagnóstico y planificación participativas le confieren un carácter activo, pero que no descuida la suma y generación continua de información y conocimiento producto del propio proceso. Resulta evidente que la ejecución, que además puede tener una importante extensión en tiempo, sin duda, diferirá de lo programado. El plan de acción definido responde a un detallado proceso de construcción colectiva, pero inevitablemente dista de la realidad contingente de cuando se ejecuta siempre más densa, compleja, imprevisible y expuesta a circunstancias. Las interacciones que la ejecución de todas las actividades del plan y sus sujetos, así como la aplicación de sus mecanismos organizativos, constituyen la multiplicación vital de interrelaciones que, necesariamente, complejizarán las definiciones planificadas.

Detallando sus puntos, se confirma que el objetivo de esta fase es: poner en práctica las acciones y formas organizativas recurriendo a los recursos necesarios, planificadas participadamente hacia la consecución de resultados de mejora. La pregunta que preside la fase se centra pues en: ¿cómo poner en marcha y desarrollar contextualmente el plan de acción definido participadamente para que produzca satisfactores válidos para la comunidad y el territorio ante las problemáticas e iniciativas identificadas?

Respecto a los sujetos del proceso, es decir, la precisión de con y para quiénes el proceso se mantiene en la comunidad ampliada tanto directamente participante como aquella que indirectamente pueda ser beneficiaria debido a que, a su vez, es afectada. Corresponde aclarar aquí que los desempeños requeridos son principalmente prácticos en relación a las actividades que pueden ser múltiples (trabajo colectivo, cursos, actividades deportivas, recreativas, lúdicas, etc., de sistematización, asamblearia, comunicacionales, de movilización, entre otras muchas) y que por su carácter principalmente práctico, y mayoritariamente abierto a la comunidad, sería perfectamente posible y se debe promover, esa continua suma de nuevas personas para su desempeño. A su vez, vemos que el equipo promotor del proceso (especialmente si era externo) debería “perder peso” en esta fase que, en definitiva, pone especialmente a sus actores locales a la acción para implementar el plan participativo.

Ante la cuestión de los tipos de información y acción de esta fase, estas se centran en las acciones desarrolladas. Insistiendo en la procesualidad, no solo importarán resultados más constatables (medibles o no), sino también todos aquellos más intangibles que sumen a la conformación de una actuación organizada sostenida y los logros relacionales que obtenga. Se ha señalado que las acciones pueden ser múltiples, especialmente inspiradas en la creatividad de los participantes como respuesta a las necesidades identificadas. A la vez, las informaciones que surgen son a su vez muchas y muy diversas respecto a la participación, las vivencias, los resultados que surjan de la realización viva de cada una de las actividades. Estas se pueden recoger y sistematizar como parte del proceso, especialmente útil para la fase posterior.

Referirse específicamente a las técnicas necesarias y útiles, se aprecia como por tratarse del proceso activo por excelencia, estas son más imprecisas ya que están especialmente expuestas al tipo de acciones y al curso que el proceso social tome. Habitualmente se seguirá con talleres participativos de toma de decisiones, organización e incluso evaluación; también son probables los espacios formativos. Las tareas de observación participante (aunque desdibujada de la tradicional por esa condición de ser, sobre todo, actores del proceso y estar inmersos en él), también tiene presencia, así como actividades de sistematización de información que arroja el proceso. Además de los talleres participativos con las técnicas precisas de programación señaladas, en el transcurso de la ejecución del plan los espacios asamblearios de deliberación y toma de decisiones pueden resultar habituales y útiles en esta fase.

Identificar los productos de esta fase práctica y activa se remite sobre todo a dar cuenta de la consumación de los objetivos que las actividades se planteaban. Ello se puede sistematizar y para ello también encontraremos diferentes formatos incluidos los no tradicionales ni académicos, como pueden ser videos, fotos, devoluciones, exposiciones; por supuesto, también esas más formales que van desde informes a sistematizaciones iniciales de esos procesos de desarrollo de actividades y de organización interna. La articulación de ambos tipos de formato resulta especialmente útil para comunicarlo a diferentes perfiles de participantes e interesadxs.

Gráfico 4
Síntesis elementos Fase 3 Cogestión participativa del plan de acción social

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Para esta fase, el ejemplo del PPvo en la UCU dejó varias prácticas importantes. Tratándose de un proceso socioinstitucional, se hizo significativo cómo, dirigido desde expertos metodológicos de la institución con metodologías participativas, tras sus resultados se activó la iniciativa de ejecutar las propuestas ganadoras en la forma y plazo que había surgido del proceso participativo. Aunque con un corte más institucional, no faltaron propuestas que implicaron la cogestión, tanto en su definición como incluso en su ejecución (activación de asociaciones de estudiantes, diseño de propuestas específicas, e incluso, el debate acerca de una gestión participada de un centro infantil para los hijos de estudiantes y trabajadores, por parte de padres y madres, e incluso de voluntarios). (Paño Yánez et al., 2023).

2.4.- Evaluación y sistematización participativas

Esta fase resulta fundamental para garantizar el carácter procesual que estas investigaciones-intervenciones. En ese sentido, profundizar en la evaluación tanto durante, como a posteriori de las fases del proceso otorga, con énfasis en que esta sea participativa, constituye otro de los aportes de esta propuesta técnico metodológica; estas evaluaciones múltiples con este carácter etnográfico y participativo profundizan en la búsqueda de criterios e indicadores de carácter no solo cuantitativos, sino especialmente cualitativos y participativos que puedan ser realizadas y autorrealizadas colectivamente para orientar y garantizar la continuidad del proceso.

Aunque aparezca al extremo final del proceso, las acciones en su interior deben verse como otro tipo de actividades también fundamentales para fortalecer y garantizar que el proceso dé los mayores resultados posibles. Para evaluar, sin duda, necesitamos que el proceso tenga ya un cierto transcurso, pero no necesariamente debe realizarse al final ni, menos aún, identificarla como cierre. Por el contrario, procesos de evaluación tanto durante como ex - post, y junto a ellos la sistematización, constituyen aportes fundamentales para la continuidad, mejora, réplica en otros casos, y de ahí la relevancia de realizarlos tras el diagnóstico, elaboración y ejecución del plan. El aprendizaje y conocimiento adquirido en los diferentes planos, más allá del cumplimiento de las acciones y resultados programados, otorga una posibilidad de mejora colectiva en la medida en que participativamente se puedan llevar adelante estos procesos de evaluación, por una parte, y de sistematización por otra.

La evaluación se planteará decidir participativamente qué y cómo evaluar. Para ello resulta clave definir y construir incluso unos indicadores que permitan esa evaluación. Por una parte, estos deben ser planteados incluso antes de esta fase (en la de campo, o de planificación o ejecución), así como por otra, no tienen ni mucho menos que ser necesariamente cuantitativos. De hecho, ante el énfasis principal en lo cualitativo-participativo del proceso que desarrollan las ECAP, que sus indicadores cubrieran esos ámbitos constituye precisamente un indicador de consistencia y enriquecimiento para el propio proceso; asimismo, se busca que la creatividad del grupo esté altamente presente a la hora de construir esos indicadores para que den cuenta de aspectos emergentes que el proceso arroja, incluso aunque no haya precedentes de ellos. Pensar en los elementos convivenciales, comunicativos, socioemocionales, sentipensantes, entre otros, son claves a la hora de trabajar, habitualmente en talleres participativos específicos, la ideación, construcción y aplicación de esos indicadores diversos. Un ejemplo entre tantos podría ser la pregunta: ¿cuánta, de quiénes, cómo y cuán comunitaria-participativa resultó la participación en tal actividad del proceso?

En relación con esto, la sistematización constituye el espacio fundamental para dejar registro de los diferentes aspectos del proceso en ejecución; es múltiple la información y conocimiento, asociadas a las reflexiones que el proceso produce y que pueden resultar centrales, tanto para la propia evaluación como para la continuidad y constantes reorientaciones que viva el proceso social en marcha; también para transmitir su réplica contextualizada en otros escenarios y por otros actores.

Concretando los componentes de esta fase, la pregunta central sería ¿cómo evaluar y sistematizar participativamente con lxs afectadxs el proceso seguido a modo que arroje pautas relevantes para su continuidad, mejora y proyección? En directa relación, el objetivo central se centra conjuntamente en: evaluar y sistematizar distintos componentes del proceso llevado como elementos que aporten a la mejora y organización del proceso puesto en marcha. En este caso, añadimos el objetivo específico: construir colectivamente indicadores de diverso tipo que constituyan referencias de evaluación válida respecto a los aspectos sustantivos del avance del proceso participativo en marcha con énfasis en sus logros participativos, comunitarios y sustentables.

En este momento del proceso se confía en haber logrado consolidar un grupo tanto nuclear como ampliado de participantes activos en diferente grado, y, por tanto, es básicamente con ellos con los que trabajar estos pasos en torno a la evaluación y sistematización que esta fase propone. En la medida en que se aprecie como viable, también resulta altamente útil poder recibir evaluaciones externas de diferentes personas y actores que observen desde fuera el proceso para conocer sus impresiones y los ajustes que en ese plano se pudieran incorporar. Los diferentes grados de participación posible que van desde niveles altos de implicación y presencia, hasta otros mucho más puntuales, permiten visualizar esa comunidad extendida de participación que de diferentes maneras tratamos de hacer partícipes, también en esta fase de evaluación-sistematización.

Los tipos de información se complementan, pero, a la vez, son diversos entre lo que implica evaluar y lo que implica sistematizar. Respecto a este último, como en las etnografías, la información a recabar es de muy diverso tipo bajo el criterio de que puedan ser útiles a la comprensión y mejora del proceso vivido. Son varios los pasos en su interior que van desde el registro y revisión de la información disponible y relevante, elaborar el plan de sistematización, definir qué y cómo sistematizar (Jara, 2015). La información posible es así amplia y diversa, y a la vez estará sujeta a los objetivos e intereses del grupo a la hora de sistematizar. Desde actas, fotos, documentos diversos, material gráfico producidos, información creada por externos sobre el proceso y caso (diarios, etc.) son algunos de los materiales sobre los cuales la sistematización propondrá finalmente un proceso reflexivo orientado a su proyección de mejora futura para nuevos escenarios. Se debe a la vez explicitar el carácter pedagógico de este tipo de prácticas, el cual, por lo demás, entronca directamente con la acción formativa que implica hacia lxs afectadxs trabajar sobre el proceso vivido. Respecto a la evaluación estrechamente vinculada a la acción, se aprecia cómo los indicadores a construir en un primer momento y a aplicar en otros posteriores implican precisamente información múltiple también de proyección de mejora. De tipo cuantitativo o cualitativo, incluida aquella construida participativamente, la información recabada y que surgirá de las evaluaciones (tanto los propios indicadores como los resultados de aplicarlos) deben apuntar a evaluar de forma compleja y múltiple los más diversos ámbitos de la realidad del proceso en marcha. Debe resaltarse el carácter propositivo que esta fase también tiene, en la medida en que permitirá explícitamente producir conclusiones de cara a la ayuda de la proyección mejorada del proceso en marcha.

A modo de técnicas se deben señalar los talleres participativos específicos de sistematización y evaluación como los principales, aunque en algunos casos estos deriven en reuniones asamblearias más amplias y con un carácter diferente al de los talleres. En su interior, las técnicas precisas se relacionarán tanto con la construcción de indicadores de diverso tipo promoviendo la creatividad, como su aplicación dialogada para obtener conclusiones y reflexiones; para la sistematización al interior de los talleres participativos, las técnicas versarán más sobre la reflexión del proceso vivido y sus márgenes de adaptación y mejora a nuevos escenarios por venir.

Los productos que pueden emanar de este proceso compuesto de sistematización-evaluación se relacionan, tanto con un plan de sistematización y sus resultados, como a la vez, con unos indicadores construidos, y también sus resultados. La exposición de estos en plenarios a modo de devolución que orienten e impulsen nuevas fases del proceso, constituyen el efecto principal de esos productos sintéticos de esta fase.

Gráfico 5
Síntesis elementos Fase 4 Evaluación y sistematización participativas

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Como ejemplo de aplicación de técnicas propuestas en esta fase, señalar que la experiencia de presupuesto participativo realizada ejecutó anualmente procesos de sistematización, evaluación y mejora con ciertos sectores implicados (autoridades, docentes y estudiantes). Junto a informes de sistematización de los diversos datos (participación, carreras, géneros, número y tipo de propuestas, arreglos institucionales, entre otros), también contaría aquí la aplicación de criterios de bien común al resultado de las propuestas más votadas (Universidad de Cuenca, 2023) como resultado de la construcción colectiva de esos criterios y su posterior aplicación anual en los Consejos de PPvo de cada facultad. A la vez, desde el proceso se construyeron indicadores especialmente cualitativos que se aplicaron a la evaluación del proceso respecto a la calidad democrática de estos, en las ediciones de 2023 y 2024 (Paño Yáñez, 2024).

Conclusiones

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Notas

1 La suma de la condición ETIC más EMIC tratado en Paño Yáñez, 2022.
2 Metodologías participativas de investigación y acción social.


Recepción: 18 diciembre 2023

Aprobación: 12 noviembre 2024

Publicación: 01 junio 2025



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